Sofía la miró y sonrió, mostrando los dientes.
—Papá dijo que hoy nos llevará de compras a las dos. Hace mucho que no salgo de compras.
Después de comer, Héctor salió con ellas.
Ese día llevaba una camisa morada de satén con un diseño muy particular.
Sin su habitual aire de hombre de negocios, proyectaba una elegancia más relajada y casual que lo hacía parecer todavía más distinguido e inalcanzable.
Julieta se quedó mirándolo.
Héctor caminó hasta detenerse frente a ella, extendió la mano y le levantó la barbilla.
Antes de que Julieta pudiera reaccionar, le dio un beso en los labios.
Las pupilas de Julieta se estremecieron de golpe.
Los labios de Héctor se curvaron apenas.
Sofía, que observaba la escena a un lado, se cubrió los ojos con las manos.
—Papá sí que es descarado.
Héctor soltó a Julieta y miró a Sofía.
—¿Por qué? ¿Acaso no puedo besar a mamá?
Sofía bajó las manos.
—Pero yo estoy aquí.
Héctor le pellizcó suavemente la mejilla.
Después, los tres subieron al carro y se marcharon.
Jairo observó cómo el vehículo se alejaba poco a poco y su expresión se ensombreció.
Al principio quiso llamarle a Héctor, pero al final solo le envió un mensaje: “¿Adónde van?”
Héctor lo vio y respondió enseguida: “Salimos a dar una vuelta.”
Jairo miró la pantalla del celular.
Su respiración se volvió un poco más pesada, pero no volvió a escribirle.
***
Una hora después, llegaron a un centro comercial de lujo en la ciudad.
Principalmente, iban a comprarle ropa, joyas y bolsos a Sofía.
Julieta elegía con cuidado las prendas y los accesorios que mejor combinaran.
Una vez que logró distraerse, no parecía diferente de como era normalmente.
Toda su atención estaba puesta en Sofía y sus ojos brillaban de felicidad.

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