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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 772

Sofía la miró y sonrió, mostrando los dientes.

—Papá dijo que hoy nos llevará de compras a las dos. Hace mucho que no salgo de compras.

Después de comer, Héctor salió con ellas.

Ese día llevaba una camisa morada de satén con un diseño muy particular.

Sin su habitual aire de hombre de negocios, proyectaba una elegancia más relajada y casual que lo hacía parecer todavía más distinguido e inalcanzable.

Julieta se quedó mirándolo.

Héctor caminó hasta detenerse frente a ella, extendió la mano y le levantó la barbilla.

Antes de que Julieta pudiera reaccionar, le dio un beso en los labios.

Las pupilas de Julieta se estremecieron de golpe.

Los labios de Héctor se curvaron apenas.

Sofía, que observaba la escena a un lado, se cubrió los ojos con las manos.

—Papá sí que es descarado.

Héctor soltó a Julieta y miró a Sofía.

—¿Por qué? ¿Acaso no puedo besar a mamá?

Sofía bajó las manos.

—Pero yo estoy aquí.

Héctor le pellizcó suavemente la mejilla.

Después, los tres subieron al carro y se marcharon.

Jairo observó cómo el vehículo se alejaba poco a poco y su expresión se ensombreció.

Al principio quiso llamarle a Héctor, pero al final solo le envió un mensaje: “¿Adónde van?”

Héctor lo vio y respondió enseguida: “Salimos a dar una vuelta.”

Jairo miró la pantalla del celular.

Su respiración se volvió un poco más pesada, pero no volvió a escribirle.

***

Una hora después, llegaron a un centro comercial de lujo en la ciudad.

Principalmente, iban a comprarle ropa, joyas y bolsos a Sofía.

Julieta elegía con cuidado las prendas y los accesorios que mejor combinaran.

Una vez que logró distraerse, no parecía diferente de como era normalmente.

Toda su atención estaba puesta en Sofía y sus ojos brillaban de felicidad.

—Entonces siempre voy a estar contigo.

Julieta sonrió con ternura.

—Papá, tenemos que encargarle un pastel de cumpleaños a mamá.

—Ahorita vamos a encargarlo —respondió Héctor.

Él eligió dos conjuntos de joyas para Julieta, ninguno de ellos barato.

El valor de todas las joyas y regalos que le había comprado hasta ese momento ya superaba todo el patrimonio de ella.

—Mamá y yo ya compramos. Papá también tiene que comprarse algo.

Héctor aceptó sin objeciones la petición de Sofía.

Julieta, por supuesto, tampoco tenía nada que decir.

Sin embargo, toda la ropa de Héctor era de diseño exclusivo y estaba hecha a la medida, no era ropa de línea.

Al llegar a una tienda de ropa para hombre, la asesora eligió varios conjuntos adecuados para él.

A pesar de encontrarse frente a un hombre tan excepcional, mantuvo una actitud profesional, eficiente y cortés.

Héctor salió del probador con una de las prendas y le preguntó a Julieta:

—¿Qué tal?

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