Capítulo 91 Julieta vio a Héctor entrar por la puerta.
Él se acercó cargando a la bebé y, con sumo cuidado, la acomodó junto a Julieta.
Julieta miró a la niña y en sus labios apareció una sonrisa llena de ternura.
Al ver a su mamá, Sofía volvió a soltar una risita.
Julieta tenía muchas ganas de abrazarla, pero en ese momento no tenía fuerzas para moverse.
Jimena observó a la bebé y también sonrió; quiso cargarla, pero se contuvo.
La pequeña, recostada junto a Julieta, pronto cerró los ojos y se quedó dormida.
Julieta, agotada, miró a Héctor y preguntó en voz baja:
—¿Cómo se llama?
—Sofía —respondió él.
Julieta murmuró el nombre:
—Sofia.
Era un nombre muy bonito.
Le pidió a Jimena que les tomara una foto así, a ella y a la bebé juntas.
Héctor volvió a cargar a Sofía y le dijo a Julieta:
—Descansa bien.
Dicho eso, se dio la vuelta y salió de la habitación.
En un abrir y cerrar de ojos pasaron tres días.
Julieta fue mejorando poco a poco; ya podía levantarse de la cama y caminar un poco.
Aún no le daban el alta: debía permanecer en observación algunos días más.
Sofía ya había sido llevada a Costa Dorada.
Cuando Carlos y Mariana fueron al hospital a visitarla, no vieron a la bebé; Julieta les mostró las fotos.
—Cuídate mucho y recupérate bien —dijo Carlos.
Cualquier otra cosa que dijera ya no tendría sentido.
Julieta asintió.
—Lo sé.
Durante su estancia en el hospital, Mariana iba a verla todos los días y se quedaba platicando con ella.
Sergio pasaba de vez en cuando; le contaba que Sofía estaba en Costa Dorada, con personal especializado cuidándola, y que la familia Gómez ya había ido a verla.

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