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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 914

—Justo quería hablar contigo de algo. Mañana pienso regresar a Monteluz. Hay un proyecto de la empresa que debo atender —dijo Julieta.

Héctor guardó silencio unos instantes antes de responder:

—Entonces regresa primero a Monteluz. Pediré que te reserven un vuelo.

Julieta lo observó, sorprendida de que hubiera aceptado con tanta facilidad.

Al notar su reacción, Héctor sonrió de lado.

—¿Qué significa esa mirada? ¿Crees que voy a echarme para atrás?

—Sabes perfectamente que nunca has tenido mucha credibilidad conmigo.

Después se dio la vuelta para marcharse.

De pronto, Héctor la sujetó de la muñeca.

Con un ligero tirón, la hizo caer de nuevo sobre la cama y la atrajo hacia sus brazos.

Cuando Julieta levantó la cabeza, sus rostros estaban tan cerca que podían sentir la respiración del otro.

Héctor preguntó en voz baja:

—Entonces, ¿qué tengo que hacer para que vuelvas a confiar en mí?

El cuerpo de Julieta se tensó.

La mirada de Héctor era demasiado intensa.

Ella apoyó una mano en la cama e intentó incorporarse.

—¿No eres muy inteligente? ¿También tengo que enseñarte lo que debes hacer?

Héctor sonrió.

—No sabía que me considerabas tan capaz.

Julieta lo miró de reojo sin responder y caminó hacia la puerta.

Héctor apartó las cobijas y se levantó.

En cuanto Julieta notó su movimiento, su expresión cambió.

—Tú...

Héctor se acercó con una sonrisa burlona.

—Después de tantas veces, ¿todavía te da pena?

Julieta apartó la mirada de inmediato y se dio la vuelta para salir, pero Héctor la abrazó por detrás.

—¿Todavía te sonrojas tan fácilmente?

Julieta se quedó rígida y lo apuró con fastidio:

—Ve a arreglarte de una vez.

—Ayúdame tú.

Héctor no tardó en aparecer con la ropa puesta.

Llevaba el cabello corto cayéndole de manera natural sobre la frente, lo que suavizaba su habitual aire frío y serio y le daba una apariencia más accesible.

Caminó hacia ella y, al notar que lo observaba, sonrió.

—Me miras tanto que queda claro que sí te gusta verme con ropa clara.

La expresión de Julieta se ensombreció.

—De verdad te encanta imaginar cosas.

Héctor le tomó la mano.

—Vámonos.

Después de dos días nublados, por fin había salido el sol.

La luz era cálida, el cielo estaba completamente despejado y el clima era inusualmente agradable.

Héctor conducía un carro deportivo y llevaba lentes oscuros, por lo que parecía mucho menos serio que de costumbre.

El costoso reloj que llevaba en la muñeca seguía llamando la atención, pero no le restaba nada al aire relajado que tenía ese día.

La llevó a un centro comercial y, después de bajar del carro, le tomó la mano.

—Primero vamos a comprarme un par de conjuntos.

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