Capítulo 94 En un abrir y cerrar de ojos, llegó el día previo a las vacaciones.
Desde temprano, Jimena comenzó a preparar los ingredientes para la cena.
Mauricio y Rafael ayudaban con la limpieza de la casa.
Ese día, Sergio llegó de visita con regalos; también trajo los obsequios y suplementos que Elías le había encargado llevar.
Jimena y Mauricio se acercaron a recibirlos y lo atendieron con entusiasmo.
—Julieta está en su cuarto, ve a verla —le dijeron.
—Está bien.
Sergio tocó la puerta y entró al dormitorio.
Julieta estaba recostada en la cama, tejiendo una cobijita sencilla, con un dibujo de fresas; a simple vista se veía suave y calientita.
Con solo verla, era evidente que era para un bebé.
Durante ese tiempo, cuando no tenía nada que hacer en casa, Julieta había estado aprendiendo a tejer cobijitas.
Alzó la vista al ver entrar a Sergio.
—Ya llegaste.
Antes de venir, Sergio le había llamado para avisarle.
Cerró la puerta y se acercó; al verla con buen color en el rostro, era evidente que la estaban cuidando bien.
—¿Cuando no tienes nada que hacer, te quedas en casa tejiendo cobijitas? —preguntó.
Julieta asintió:
—Estar en casa es bastante aburrido; al menos así encuentro algo con qué pasar el tiempo.
Sergio se sentó en el sofá y charló un rato con ella.
—¿Héctor ya habló contigo del divorcio?— preguntó al final, sin poder evitarlo.
Las manos de Julieta se detuvieron un instante; luego asintió:
—El convenio ya está firmado.
Sergio bajó la mirada y apretó los dedos:
—¿No te dio ninguna compensación?
Julieta dejó escapar una leve risa y negó con la cabeza:
—Aunque quisiera dármela, no la aceptaría.
Tomar algo que no le pertenecía, tarde о temprano, tendría un precio; no quería deberle nada.
Sergio no dijo nada más.
Al mediodía, se quedó a comer con ellos.
Antes de irse, Julieta le entregó una bolsa.


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