Entrar Via

La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 956

Héctor estaba vestido completamente de negro y permanecía de pie frente a la puerta, con una expresión tan fría que resultaba intimidante.

Julieta todavía llevaba una ligera sonrisa en el rostro, pero en cuanto lo vio, su expresión se apagó.

—¿A quién estabas esperando?

Su voz era muy baja, pero bastó para que Julieta se pusiera tensa.

Apretó la tela de su ropa a un costado y trató de mantener la calma.

—¿Qué haces aquí?

Héctor la miró fijamente y avanzó un paso.

Julieta retrocedió por instinto.

Al notar su evidente rechazo, el rostro de Héctor se volvió todavía más frío.

—¿Qué pasa? ¿Hay algo ahí adentro que no quieres que vea?

Julieta ni siquiera alcanzó a responder cuando Héctor pasó junto a ella y entró.

Apenas llegó a la entrada, vio un par de pantuflas de hombre y se detuvo en seco.

El ambiente se volvió tenso al instante.

Canela y Tigre corrieron hacia la entrada, pero apenas se acercaron a Héctor comenzaron a maullar con fuerza.

Héctor bajó la mirada hacia ellos y los dos gatitos retrocedieron de inmediato, todavía más alertas.

Julieta se acercó, los cargó y los tranquilizó suavemente antes de dejarlos sobre el rascador.

En cuanto notaron que Héctor seguía avanzando, los dos se escondieron rápidamente en una esquina.

Héctor entró a la sala, echó un vistazo alrededor y se dirigió directamente hacia la recámara.

Julieta lo siguió de inmediato.

—¿Qué estás haciendo?

En cuanto entró, Héctor abrió el clóset.

Adentro solo había ropa de Julieta.

Aparte de las pantuflas de hombre en la entrada, tampoco había ningún rastro de que un hombre viviera ahí.

Julieta contuvo el enojo, se acercó y cerró las puertas del clóset.

Con el rostro sombrío, Héctor finalmente salió de la recámara.

Solo entonces Julieta soltó discretamente el aire que había estado conteniendo.

Al llegar al comedor, primero se acercó a Ximena y le dijo unas palabras en voz baja.

Ximena asintió y regresó a su habitación.

Héctor observó toda la escena, pero no dijo nada.

Al encontrarse nuevamente con su mirada, Julieta volvió a ponerse un poco nerviosa y caminó primero hacia la mesa.

—Siéntate.

En cuanto Ximena regresó a su habitación, llamó de inmediato a Carlos y buscó una excusa para pedirle que esa noche no fuera.

La cena ya estaba servida sobre la mesa.

Julieta colocó una porción frente a Héctor.

—Come.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera)