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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 955

Jairo estaba a punto de seguir caminando cuando, al escuchar eso, volvió a detenerse.

—Sí, están bonitas.

Mariana miró su rostro inexpresivo y enseguida se sintió un poco molesta.

—Aprendí a envolverlas yo misma y ¿lo único que vas a decir es que están bonitas?

Jairo volvió a mirar el ramo y luego la expresión claramente decepcionada de Mariana, sin entender en absoluto cuál era el problema.

—¿No acabo de decir que me gustan?

Mariana estuvo a punto de poner los ojos en blanco.

—Olvídalo. Con que a ti te parezcan bonitas, basta.

Se dio la vuelta y caminó hacia el Rolls-Royce estacionado junto a la acera.

Era el carro que había ido a recoger a Jairo, así que, por supuesto, lo reconocía.

Después de avanzar unos pasos, volteó.

—¿No vienes?

Solo entonces Jairo la siguió.

Mariana subió al carro con él como si fuera lo más natural.

—Pensé que irías directo a Sombrales a ver a Julieta.

—Iré en unos días.

—¿Héctor ya sabe que él y Julieta están divorciados?

—Todavía no.

Mariana estaba a punto de seguir preguntando cuando sonó su celular.

Al ver quién llamaba, contestó de inmediato.

—Julieta.

—Mariana, ¿cuándo vas a venir? Así puedo prepararme con tiempo.

Mariana sonrió.

—Eso depende de cuándo tenga tiempo Jairo.

Al escuchar esas palabras, el cuerpo de Jairo se puso visiblemente rígido.

Mariana notó su reacción por el rabillo del ojo y, a propósito, no intentó disimular.

Julieta hizo una breve pausa.

—¿Están juntos ahora?

—Sí. Acaba de regresar hoy a Monteluz y vamos de camino. Pedí el día libre especialmente para ir a recogerlo al aeropuerto y hasta aprendí por internet cómo envolver flores.

Al escuchar la queja intencional de Mariana, Julieta no pudo evitar reírse.

—Seguro que por dentro está bastante contento.

—¿Ah, sí?

Mariana volteó de inmediato hacia Jairo.

—Julieta dice que en realidad estás muy contento. ¿Es cierto?

Carlos vivía en el piso de arriba y, durante esos días, también solía acompañarla a cenar y después a caminar un poco.

Ese día, Carlos tuvo que reunirse de último momento con un cliente.

Ximena ya había preparado la cena y Julieta le preguntó a él si todavía iba a pasar.

—Llego en unos treinta minutos. No me esperes. Come tú primero y solo déjame un poco.

—Mejor te espero. Tampoco tengo mucha hambre.

—De acuerdo.

Julieta le pidió a Ximena que mantuviera la comida caliente y se sentó en el sofá a jugar con los dos gatitos.

Afuera llovía con mucha fuerza y los truenos no dejaban de escucharse.

De pronto, una ráfaga de viento abrió una ventana que no había quedado bien cerrada.

El aire entró de golpe y Julieta se levantó rápidamente para cerrarla.

Justo en ese momento sonó el timbre.

Pensando que era Carlos, se dio la vuelta y fue a abrir.

Apenas abrió la puerta, estaba a punto de decir:

—Ya llegaste...

Pero las palabras se le quedaron a medias.

La persona que estaba frente a ella era Héctor.

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