Sofía corrió hasta Héctor y lo sostuvo del brazo.
—Yo te ayudo.
Héctor apartó la mirada de Julieta y, al mirar a Sofía, toda la dureza de su expresión desapareció.
Le acarició la cabeza.
—Tú sí te preocupas por mí. Pero puedo caminar solo.
—Entonces ten cuidado.
Héctor miró de reojo a Julieta y le recordó:
—Tú también ten cuidado.
Julieta puso los ojos en blanco, mientras Héctor esbozaba una sonrisa.
Al llegar al baño, Julieta colgó la bolsa de suero en un gancho.
—Avísame cuando termines.
Héctor se quedó mirándola.
Julieta sostuvo su mirada y preguntó de mal humor:
—¿Qué tanto me ves? ¿También quieres que te desabroche el cinturón?
—¿Yo dije algo?
Julieta lo ignoró, salió del baño y cerró la puerta.
Sofía permanecía sentada en una silla de la habitación, observándolos.
En cuanto Julieta la vio, su expresión se suavizó.
Se acercó, se sentó a su lado y la rodeó por los hombros.
—¿En qué estás pensando?
Sofía la miró.
—¿Puedes no regañar a papá?
Julieta suspiró suavemente.
Probablemente Sofía era la única persona en el mundo capaz de sentir lástima por Héctor.
—No lo estoy regañando. Ojalá fuera tan obediente como tú.
Sofía parpadeó y enseguida estuvo de acuerdo.
—Entonces, cuando papá no se porte bien, sí tienes que regañarlo.
Julieta la miró con ternura.
Por fortuna, Sofía era una niña obediente y sensata.
Al menos en lo que respectaba a su educación, Héctor podía considerarse un buen padre.
Desde el baño se escuchó la voz de Héctor.
—Julieta.
Ella se acercó a la puerta.
—¿Ya terminaste?
Hubo unos segundos de silencio antes de que él respondiera:
—No.
Julieta respiró hondo para contenerse, abrió la puerta y entró.
Héctor estaba de pie, perfectamente vestido, sin moverse del lugar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera)
Me molesta Julieta por indecisa, obvio que tiene sentimientos por Hector; nadie se acuesta una y otra vez con alguien que no quiere. Le falta carácter para pelear por su familia desde el inicio. Es egoísta siempre piensa en ella. Esta novela refleja el diario vivir de un hombre en la vida real. Salió embarazada se quiso casar, se caso y aunque no la paso bien porque obligó a alguien a casarse tampoco podía obligarlo a amarlo. Cuando tuvo el bebé, no lo quiso se fue" típico de los hombre" le importo ella aunque Hector le llamo para que acompañará a la bebé lo ignoro e hizo su vida. Pasan años, vuelve, se acerca a la niña, pero no acepta la responsabilidad, solo piensa en ella. Aquí víctima solo Sofia, Hector a pesar de su carácter dejó su ego de lado por complacer a su hija, "el típico rol de la mujer", 0 mujeres e incluso ha aprendido a ser humano por complacer a la niña. Juliette al contrario, dice que no lo quiere, pero disfruta la cama, sale embarazada de un 2do niño y lo habla con Carlos, otro migajero que detesto, Acaso no debería hablarle con Hecto. Solo espero que la escritora no se vaya por el lado del aborto porque dejo de leerla. Estaría nuevamente mostrando el rol típico del hombre que le pide a la mujer que no la quiere y que aborte. Aquí Julieta tendrá la excusa de que su cuerpo es suyo y si pase que decepcionante porque la verdad no importa quien realice el acto sea hombre o mujer. Eso se llama ser egoístas y nunca pensar en los que realmente sufren, en este caso Sofia y el bebé por nacer. Yo siendo Julieta, no escucho a nadie, solo pensaría en mi como mujer, si me gusta Hector me quedo con él, me enfrento al mundo de su brazo, no permitiría qué un tercero se meta en la relación, hablaría con él de frente. La verdad ya me cansa su papel de víctima, y estoy de acuerdo si quiere vivir lejos de Hector qué lo haga, pero que no se quejo cuando Hector la deje de lado y se case porque quiera o no ella perdió los derechos legales sobre Sofia. Si él se casa la niña dejará de convivir por ella y no porque Hector la vaya a negar es porque según leo esta historia es de origen asiático y ellos tienen otra tradición. Los hijos no dejan su casa, si se separan se quedan con la familia paterna y así será....