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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 985

Sofía corrió hasta Héctor y lo sostuvo del brazo.

—Yo te ayudo.

Héctor apartó la mirada de Julieta y, al mirar a Sofía, toda la dureza de su expresión desapareció.

Le acarició la cabeza.

—Tú sí te preocupas por mí. Pero puedo caminar solo.

—Entonces ten cuidado.

Héctor miró de reojo a Julieta y le recordó:

—Tú también ten cuidado.

Julieta puso los ojos en blanco, mientras Héctor esbozaba una sonrisa.

Al llegar al baño, Julieta colgó la bolsa de suero en un gancho.

—Avísame cuando termines.

Héctor se quedó mirándola.

Julieta sostuvo su mirada y preguntó de mal humor:

—¿Qué tanto me ves? ¿También quieres que te desabroche el cinturón?

—¿Yo dije algo?

Julieta lo ignoró, salió del baño y cerró la puerta.

Sofía permanecía sentada en una silla de la habitación, observándolos.

En cuanto Julieta la vio, su expresión se suavizó.

Se acercó, se sentó a su lado y la rodeó por los hombros.

—¿En qué estás pensando?

Sofía la miró.

—¿Puedes no regañar a papá?

Julieta suspiró suavemente.

Probablemente Sofía era la única persona en el mundo capaz de sentir lástima por Héctor.

—No lo estoy regañando. Ojalá fuera tan obediente como tú.

Sofía parpadeó y enseguida estuvo de acuerdo.

—Entonces, cuando papá no se porte bien, sí tienes que regañarlo.

Julieta la miró con ternura.

Por fortuna, Sofía era una niña obediente y sensata.

Al menos en lo que respectaba a su educación, Héctor podía considerarse un buen padre.

Desde el baño se escuchó la voz de Héctor.

—Julieta.

Ella se acercó a la puerta.

—¿Ya terminaste?

Hubo unos segundos de silencio antes de que él respondiera:

—No.

Julieta respiró hondo para contenerse, abrió la puerta y entró.

Héctor estaba de pie, perfectamente vestido, sin moverse del lugar.

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