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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 986

Después de pasar toda la mañana con el suero, Héctor se sentía mucho mejor y había recuperado bastante energía.

El doctor le recetó medicamentos y volvió a darle algunas indicaciones.

Pedro llevó el almuerzo.

Después de comer y salir del hospital, Héctor se dispuso a ir al aeropuerto.

Sofía lo miró preocupada.

—¿No puedes quedarte hasta que te recuperes por completo?

Héctor la tomó de la mano.

—En cuanto termine de resolver lo que tengo pendiente allá, regresaré lo antes posible.

—Entonces tienes que comer a tus horas, dormir bien y no volver a enfermarte.

—Lo sé.

Héctor levantó la mirada hacia Julieta, pero no dijo nada.

Julieta sostuvo su mirada.

—Ten cuidado en el camino.

Él siguió mirándola, evidentemente insatisfecho con una despedida tan simple.

Julieta respiró hondo en silencio.

—También escuchaste lo que dijo el doctor. Tómate los medicamentos a tiempo, no tomes alcohol y descansa más.

—¿Y qué más?

Julieta guardó silencio un momento antes de añadir:

—Come bien.

—¿Lo dices de corazón?

Julieta tuvo ganas de darle una patada, pero Sofía estaba observándola, así que se contuvo.

—Sí, lo digo de corazón.

Héctor arqueó una ceja.

—Más te vale.

Julieta ya no quiso decir nada más.

Héctor continuó:

—Si pasa algo, llámame o mándame un mensaje. Y cuando yo te llame, contesta.

Julieta lo miró.

Parecía no darse cuenta en absoluto de que ya estaban divorciados.

Como si hubiera adivinado lo que pensaba, Héctor añadió:

—En cuanto regrese, vamos a resolver bien lo nuestro. Mientras tanto, será mejor que no se te ocurra hacer nada.

Pronunció la última frase con especial severidad.

Julieta le lanzó una mirada molesta.

En ese momento, el chofer se acercó para recordarle:

Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.

Héctor finalmente preguntó:

—¿Para qué me llamaste?

Por su tono, Jairo pudo deducir que las cosas entre Héctor y Julieta no habían ido tan mal durante esos dos días.

—Por nada en especial. Si sigues sin regresar, le estás dando tiempo a Leonardo para recuperarse.

Héctor soltó una risa fría.

—¿Y qué puede hacer él a estas alturas?

Jairo no añadió nada más y ambos intercambiaron unas cuantas palabras.

Entonces se enteró de que Héctor ya iba camino al aeropuerto.

—Lo dejamos aquí.

Estaba a punto de colgar cuando Héctor dijo de repente:

—Será mejor que hables con Carlos y le pidas que se vaya.

Jairo respondió:

—Él es libre de estar donde quiera. Yo no tengo derecho a meterme. Si de verdad estás tan seguro de ti mismo, ¿por qué te preocupa Carlos? Es asunto tuyo, resuélvelo tú.

Sin esperar la respuesta de Héctor, colgó.

Héctor bajó el celular y su expresión se ensombreció.

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