Petra asintió y aceptó.
—Claro que sí, abuelo.
—Despreocúpese, si necesito algo, no dudaré en pedírselo.
Al escucharla, Germán soltó una risa franca.
—Imagino que todavía tienen otros lugares a donde ir a dejar invitaciones hoy, así que no las retengo más.
—Ahora que en la familia Calvo solo se tienen la una a la otra, deben visitarse más seguido.
Jimena asintió, se levantó del sofá y se despidió suavemente de Germán.
Germán asintió y le pidió al viejo mayordomo que las acompañara a la salida.
Después de que Petra y Jimena salieron de la mansión de los Hurtado, Petra revisó las invitaciones que faltaban por entregar. Entre ellas había una para la familia Ruiz.
Al pensar en el asunto de Franco Ruiz y Rosalía Espino, Petra miró cautelosamente a Jimena.
—Hermana, la de los Ruiz podemos pedir que alguien más la lleve, ¿no crees que no hace falta ir?
Jimena negó con la cabeza y dijo:
—La mansión de los Hurtado no está lejos de la casa de los Ruiz, pasamos a dejarla de camino.
Petra vio que no había ninguna emoción en el rostro de Jimena; evidentemente ya había superado por completo lo de Franco y Rosalía.
Suspiró aliviada en secreto y asintió.
Además, a esta hora, Franco y Rosalía tal vez no estuvieran en casa.
Franco andaba ocupado disputando el poder con Ramiro Ruiz.
Rosalía, por su parte, estaba ocupada tratando de ganarse el favor del señor Espino para que Catalina cayera completamente en desgracia en la familia Espino.
Ambos estaban muy ocupados, así que probablemente no se toparían con ellos.
Sin embargo, las cosas no salieron como esperaban.
Cuando Camilo Ruiz invitó a Petra y Jimena a pasar a la sala, vieron que Rosalía y Franco estaban sentados en el sofá.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...