Al ver a Benjamín Hurtado, a Franco Ruiz se le iluminaron los ojos.
Sabía que era imposible que Jimena Calvo hubiera aceptado a Federico Núñez en tan poco tiempo.
Aún tenía una oportunidad.
Mientras Jimena y Federico no se casaran, él seguía teniendo una oportunidad.
—Benjamín, ¿por qué sales tú? ¿Dónde está Jimena? Voy a entrar a buscarla, tengo algo muy importante que decirle.
Mientras hablaba, Franco intentó avanzar hacia el interior de la residencia de la familia Calvo.
Benjamín levantó la mano para cortarle el paso, con una voz tranquila y carente de emoción:
—Ya es tarde y has bebido. Vete a casa a descansar. Si tienes algo importante, mañana lo platicamos.
Franco frunció el ceño, molesto por las palabras de Benjamín, y le apartó la mano de un manotazo.
—Benjamín, esto es entre Jimena y yo, no te toca a ti meterte. Pase lo que pase, hoy voy a verla.
Estaba seguro de que Jimena aún sentía algo por él.
Esta vez, no quería perderla.
—¿No te queda claro por qué estoy aquí? Lo tuyo con ella se acabó en el momento en que la traicionaste con Rosalía Espino.
—Franco, sé un hombre y afronta las consecuencias. Si elegiste otro camino, no te arrepientas ahora. Venir a hacer un escándalo borracho solo va a provocar que la gente se ría de ti.
La expresión de Franco cambió; se detuvo en seco, se dio la vuelta y agarró a Benjamín de las solapas de la camisa.
—¡¿Crees que no sé que estoy haciendo un espectáculo?! ¡La amo! ¡La amo más que nadie! ¿Acaso Federico es una buena pieza?
—Federico cambia de novia más rápido de lo que yo cambio de ropa, ¿por qué él sí puede y yo no?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...