Benjamín ya estaba acostado en la cama. Al ver que ella regresaba al cuarto, levantó el edredón, esperó a que Petra subiera y la tapó.
Petra, con cara de pocos amigos, se acurrucó en los brazos de Benjamín y murmuró:
—No sé de qué tanto habla el tal Federico con mi hermana. Llevan muchísimo tiempo y todavía no cuelgan.
Soltó un bufido. Debido a los escándalos de Federico, en realidad todavía le guardaba rencor.
Pero como él y su hermana ya se habían casado, Petra no podía decir mucho aunque tuviera objeciones; solo podía quejarse un par de veces frente a Benjamín.
Benjamín escuchó sus quejas, soltó una risa suave, la abrazó y dijo:
—Después de todo son marido y mujer. Aunque no haya amor, si tienen temas en común, ¿no es algo bueno?
Petra asintió, pero enseguida añadió:
—Lo que me da miedo es que él tenga «temas en común» con cualquiera.
—Cuando mi hermana esté sola en Santa Brisa y tenga que enfrentarse a todas esas viejas, a todas sus amiguitas... me da coraje solo de pensar en esos reportajes.
Benjamín estrechó un poco más a la mujer en sus brazos.
—Tu hermana es una mujer muy lúcida, creo que no confías lo suficiente en ella.
Petra refunfuñó:
—Dicen que el que persevera alcanza. Me preocupa que Federico termine nublando el juicio de mi hermana.
Benjamín le acarició la cabeza.
—Quién influye en quién... eso está por verse.
***
A la mañana siguiente.
Cuando Petra despertó, el hombre a su lado ya se había ido sin que ella se diera cuenta.
Tomó su celular y vio un mensaje que Benjamín le había dejado:
[Amor, me fui a la empresa. Regreso en cuanto salga del trabajo en la noche.]
Petra respondió: [Enterado, amor. Que te vaya bien en el trabajo.]
Después de contestar, se levantó y fue a asearse.
Al bajar las escaleras, vio a Jimena sentada en el sofá leyendo una revista.
Federico estaba a su lado, mostrándole algo en su celular e intentando sacarle plática.
—Mira la decoración del lugar de la boda, ¿qué te parece esta idea?
En ese momento, Petra intervino oportunamente.
—Hermana...
Bajó las escaleras interrumpiendo a Federico, actuando como si apenas lo hubiera visto, y lo saludó cortésmente.
—Cuñado, también estás aquí.
Federico asintió y se tragó lo que iba a decir.
—Sí. Buenos días.
Petra: —Buenos días. ¿Llegaste temprano hoy?
Al ver que Petra se había levantado, Jimena dejó la revista a un lado.
Federico miró a Jimena. Al ver que ella soltaba su revista financiera, sintió un sabor amargo en la boca, pero mantuvo la paciencia y la caballerosidad para responderle a Petra.
—Así es.
Jimena intervino: —El desayuno ya está listo, es consomé.
—Benjamín dijo que ayer vomitaste al tomar la sopa, así que hoy Giselle preparó el caldo sin grasa y sin carne específicamente para ti.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...