A la mañana siguiente.
La señora Núñez llevó a Jimena al aeropuerto tal como lo habían acordado.
Al llegar, la señora Núñez, reacia a dejarla ir, la tomó de las manos y no paró de darle recomendaciones y consejos.
Jimena la escuchó en silencio, sin interrumpirla ni una sola vez.
Fue solo cuando el altavoz anunció el abordaje, que la señora Núñez finalmente le soltó las manos y dejó que se fuera.
Jimena y Violeta dieron media vuelta y se adentraron en el aeropuerto.
Violeta, después de tantos años trabajando a su lado, ya había aprendido cómo funcionaba el mundo.
Sabía perfectamente que nada era para siempre.
Pero aun así, en ese momento, no pudo evitar que se le enrojecieran los ojos.
Después de todo, durante esos años se habían topado con muchísimas personas que solo buscaban pisotearlas cuando estaban hundidas. Gente como la señora Núñez, que las apoyó en sus peores momentos, era una verdadera rareza.
Y además, era tan sincera con Jimena que la propia Violeta no pudo evitar conmoverse.
Violeta se secó las lágrimas que le escurrían por el rabillo del ojo, maldijo mil veces a Regina en su mente y luego hizo lo mismo con Federico.
Tras abordar, Jimena no pronunció ni una sola palabra.
Violeta le preguntó en un susurro:
—Señorita Calvo, ¿ya no volveremos jamás a Santa Brisa?
Jimena respondió con desánimo:
—Ya veremos qué pasa después, ni yo misma lo sé.
Y era verdad, no tenía idea de qué rumbo tomarían las cosas.
El día de ayer, cuando llegó a la casa de la familia Núñez, Federico estaba al teléfono con la señora Núñez.
En cuanto Federico escuchó que mencionaban su nombre, cortó la llamada. Era más que evidente que la estaba evadiendo.
Jimena no tenía ni la menor idea de cuál sería el desenlace entre ella y Federico.
Violeta respiró hondo, un destello de tristeza cruzó por sus ojos y luego se quedó en silencio.
Llegaron a San Miguel Antiguo.
Petra Calvo fue a recoger a Jimena.
Y cuando escuchó que Jimena ya no regresaría a Santa Brisa, una sonrisa radiante iluminó el rostro de Giselle.
Al fin, la residencia de la familia Calvo había recuperado a su dueña.
Quién sabe cómo, pero Emiliano Calvo se enteró de la noticia de que Jimena había regresado a San Miguel Antiguo, y no tardó en aparecerse en la casa junto a Nayeli.
Esta vez fue lo bastante listo como para no traer a Lionel Calvo consigo.
Después de todo, Lionel había ofendido a Petra en el pasado y Benjamín le había dado una golpiza como escarmiento. Desde entonces, el muchacho no se atrevía a asomar la cara frente a ella.
En cuanto Nayeli cruzó la puerta, se le pegó a Jimena para tratar de ganarse su favor.
Sin embargo, Jimena se mantuvo impasible todo el tiempo.
Emiliano, con una sonrisa fingida, se acercó a sentarse junto a ella y comentó en tono casual:
—Jimena, escuché que Federico y tú ya se divorciaron. Supongo que con tu regreso a San Miguel Antiguo ya no tienes pensado volver a Santa Brisa, ¿verdad?
Jimena le lanzó una mirada gélida y le espetó:
—Ve al grano, di lo que tengas que decir.
Al ver que Jimena seguía tan fría como siempre, la expresión de Emiliano se tensó un poco, y luego agregó con una sonrisa nerviosa:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...