Federico sintió una punzada de dolor, pero se tragó sus emociones frente a la niña.
Fernanda ladeó la cabeza, y sus largas pestañas proyectaron una leve sombra. Su tono seguía siendo suave y dulce, sin mostrar ningún tipo de decepción.
—Está bien.
Federico forzó una ligera sonrisa, esforzándose por mantener la compostura frente a su hija.
Pero justo entonces, Fernanda se acercó y le susurró en tono cómplice:
—Oye papá, ¿verdad que le tienes un poquito de miedo a mi mamá?
A Federico lo tomó tan desprevenido que por unos segundos se quedó mudo.
No es que le tuviera miedo a Jimena, el problema era que no sabía cómo presentarse ante ella.
Mientras esperaba el resultado de la prueba de ADN, por su mente pasaron mil y una locuras.
Pero todas desaparecieron en el mismo instante en que vio a Fernanda.
Simplemente no podía portarse como un patán.
No podía lastimar a Jimena y llevarse de corbata a la niña.
Fernanda era la chiquilla más preciosa del mundo, y merecía tener un padre que diera la talla, no un hombre sin vergüenza.
—No es cierto.
Fernanda soltó una carcajada que dejó ver sus tiernos colmillitos.
—No pasa nada si le tienes miedo. Además, ella ni enojona es; siempre es bien linda.
Él volvió a acariciarle la cabeza y le respondió con voz tenue:
—Lo sé.
La pequeña volvió a sonreírle. Después regresó a lo suyo, coloreando concentrada y en silencio, sin insistir más en el tema.
El reloj dio las seis de la tarde antes de que se dieran cuenta.
En todos estos años había dejado que las cosas fluyeran por su propio peso.
Si hoy no coincidían, era que simplemente el destino todavía no los quería juntar.
Pero si lo hacían, Jimena esperaba que Federico tuviera la madurez de portarse como el padre de la niña.
Ellos habrían terminado, pero la niña seguiría siendo hija de los dos para siempre.
El fracaso de su relación no tenía por qué joderle la vida a su hija.
Cuando Fernanda salió de la casa, iba en los brazos de Federico.
Jimena les abrió la puerta del carro, y él aprovechó para sentar a la niña en su asiento. Cruzaron miradas solo un instante antes de que Federico agachara rápido la cabeza para asegurarle el cinturón de seguridad a Fernanda con tranquilidad.
Jimena observó todo el proceso sin hacer ningún gesto.
Él terminó, se enderezó y volvió a mirarla; en sus ojos se adivinaba una tormenta emocional que, sin embargo, supo controlar por completo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Que pena que travou tudo! Nem os presentes de leitura, estão liberando mais… 🥲...
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...