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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1505

No tenía ninguna duda de las capacidades de Federico. Con su visión, su ambición y su agilidad para los negocios, sin importar en qué ciudad o en qué sector se encontrara, lograría abrirse paso y destacar rápidamente.

En los últimos años, su trabajo en el Estado de Chavín, donde logró un crecimiento total en las ganancias de las sucursales extranjeras de Grupo Núñez, era prueba suficiente de lo que podía hacer.

Con todo ese talento, definitivamente sería un tremendo impulso para el desarrollo de Grupo Calvo.

Lo que pasaba era que antes los separaban tantas cosas que jamás se le habría pasado por la cabeza que Federico estuviera dispuesto a mudarse a su ciudad e integrarse a su vida por voluntad propia.

—Comparado con la capacidad de la señorita Calvo, lo poco que yo he hecho no es la gran cosa —dijo él—. Yo solo logré esos resultados porque me apoyé en la infraestructura de Grupo Núñez, mientras que la señorita Calvo se valió únicamente de sí misma para salvar a Grupo Calvo cuando estaba a punto de irse a la ruina.

Jimena respondió con una ligera sonrisa: —Si Grupo Calvo está donde está, no ha sido solo por mi esfuerzo. También le debo dar las gracias a mi madre por su apoyo incondicional, que nos dio la oportunidad de salir adelante. Además, lo que Benjamín y Petra han hecho por Grupo Calvo todos estos años no es menos importante que mi aporte.

Mientras tanto, Fernanda se quedó parada ahí, muy calladita, apretando el dobladillo de su falda rosa con las manitas, abriendo muy grandes sus ojos brillantes y prestando muchísima atención a la plática de sus papás.

Su pequeña cabecita captó la información más importante a la perfección: ¡su papá iba a trabajar en la empresa de su mamá y se iba a quedar en San Miguel Antiguo para estar con ellas!

Los ojos de la niña se iluminaron al instante, sus largas pestañas parpadearon rápido como si fueran las alas de una mariposa y una enorme y hermosa sonrisa apareció de golpe en su carita.

A pesar de ser tan chiquita, Fernanda se había dado cuenta de todo el esfuerzo que Jimena había hecho sola durante todos esos años y nunca se lo reprochó llorando ni haciendo berrinche por no pasar tiempo con ella; siempre se portó bien y la esperó con paciencia. Ahora, por fin, veía cómo su sueño de estar todos juntos se hacía realidad.

Al ver lo feliz y emocionada que estaba su hija, a Jimena se le llenó el pecho de ternura. Se agachó, la abrazó con mucho cariño y, al sentir el dulce aroma de su pequeña, sintió que todo su cansancio y su soledad desaparecían por completo.

Federico también se puso de cuclillas poco a poco y acarició con muchísima suavidad la cabeza de su hija. Al ver la sonrisa pura y alegre de la niña, y luego levantar la mirada hacia la mujer que la abrazaba, sus ojos se llenaron de una profunda paz y un amor inmenso.

De pronto, sintió que todas las cosas hermosas de la vida venían corriendo directamente hacia él.

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