—¡Sí! —Fernanda aceptó al instante, y lejos de verse decepcionada, se notaba aún más emocionada.
Durante el resto de la mañana, Federico acompañó a su hija a subirse a todos los juegos que daban vueltas, subían o los dejaban suspendidos en el aire.
Jimena se quedó parada en silencio detrás del cerco de seguridad, viéndolos divertirse.
Bajo el sol, aquel hombre alto y fuerte tuvo la paciencia de acompañar a la chiquilla en cada una de las atracciones más intensas del parque.
En las sillas voladoras, protegió con firmeza a la pequeña mientras mantenía una postura tranquila. Durante los picos y caídas en el aire, la sujetaba de manera delicada con un solo brazo, dándole seguridad en todo momento sin mostrar ni una sola pizca de desesperación.
Resultó que Fernanda era bastante aventada, así que con cada subida y bajada, lejos de asustarse, se reía a carcajadas, tanto que su risa se escuchaba hasta lejos.
De vez en cuando el viento le despeinaba un poco el cabello, así que en el momento en el que el juego se detenía, Federico le arreglaba el pelo con las manos y se agachaba para preguntarle con cuidado si se había asustado o mareado.
Cada pequeño detalle y cada movimiento suyo reflejaban un nivel de cariño y delicadeza impresionante.
Jimena, que los observaba a poca distancia, lo veía todo con los ojos llenos de una profunda ternura.
Cuando padre e hija terminaron de subirse a todas las atracciones de altura, la pequeña estaba empapada de sudor y con las mejillas sonrojadas, pero aun así parecía no tener suficiente.
Federico regresó tomándola de la mano, le limpió el sudor de la frente con un gesto cuidadoso y le preguntó en voz baja: —¿Estás cansada?
—¡No! ¡Me la pasé increíble! —Fernanda sacudió la cabeza con fuerza, y al voltear a ver la enorme rueda de la fortuna que estaba a lo lejos, les jaló las manos a los dos con entusiasmo—. ¡Papá, mamá! ¡Vamos a la rueda de la fortuna!
La rueda de la fortuna era un juego lento y tranquilo, nada extremo, y la única atracción en la que los tres podían sentarse juntos sin sentirse sacudidos por los aires.
Jimena no puso peros y asintió levemente: —De acuerdo.
Los tres se formaron y, poco después, se subieron a la cabina de la rueda de la fortuna.
La cabina comenzó a moverse lentamente, despegándose del suelo y subiendo cada vez más alto.
Al principio la altura era razonable y Jimena se sentía bastante tranquila. Sin embargo, conforme seguían ascendiendo y la vista dejaba ver la enorme caída, con el suelo volviéndose cada vez más lejano y diminuto, su sensación de seguridad desapareció por completo; por puro instinto, encogió los dedos y se tensó de la espalda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...