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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1525

Fernanda agarró el vasito, volteó a ver a su papá con cara de niña grande y le dijo muy decidida:

—Papá, yo ya puedo hacer estas cosas sola.

—Ya estoy grande y soy muy responsable. No tienes que ayudarme en todo.

Federico miró la carita seria de su hija. Su sonrisa no desapareció en lo absoluto, al contrario, la vio con todavía más ternura.

—Yo sé muy bien que mi Fernanda ya creció y que cada día es más lista y responsable —le contestó con una voz llena de cariño—. Pero no importa qué tan grande estés, para mí siempre vas a ser mi niña pequeña, y a mí me encanta cuidarte así.

Al escuchar eso, Fernanda ladeó la cabecita para verlo. Luego bajó la voz, poniéndose en plan travieso, como si le contara un gran secreto:

—Si siempre me cumples todos mis caprichos, me vas a echar a perder, eh.

Al ver esa carita tan vivaz, Federico sintió que el corazón se le derretía de amor, y le acarició el cabello suavemente a la niña.

—Nuestra Fernanda es una niña muy buena, linda y comprensiva. ¿Cómo crees que te vas a echar a perder?

—Para tu mamá y para mí, siempre vas a ser la niña más buena y adorable. Nunca te vas a volver una chamaca caprichosa.

Fernanda soltó una gran sonrisa y se apresuró a explicar:

—¡Ay, papá, nada más estaba bromeando contigo!

Anduvo revisando entre los vestidos y la ropa de su clóset, viendo cada prenda a detalle. Al final se decidió por un conjuntito muy coqueto con bordados, de estilo elegante pero discreto, que la hacía lucir llena de energía.

Federico respetó su decisión y no intentó convencerla de usar lo que él había escogido. Simplemente se dio la media vuelta, salió del vestidor y la esperó pacientemente en el pasillo a que terminara de cambiarse.

Poco después, la puerta se abrió lentamente y Fernanda salió, ya muy arreglada. El conjuntito bordado le quedaba a la medida; se veía divina y súper alegre.

Al verla salir, a Federico se le dibujó una gran sonrisa.

Jimena realmente estaba haciendo un gran trabajo con Fernanda. Le había enseñado a no dejarse influenciar por nadie y a saber decir que no.

Eso estaba muy bien.

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