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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 641

Cuando Benjamín salió, vio a Petra y a Rebeca juntas. No sabía de qué estaban hablando, pero la escena era sorprendentemente armónica.

En cuanto él apareció, ambas dejaron de conversar.

La mirada de Petra fue la primera en posarse sobre él y, al ver que ya se había anudado la corbata, apartó la vista.

Rebeca habló en el momento justo.

—El estilista ya llegó, baja para que te arreglen. Te están esperando.

Benjamín asintió y, tras mirar a Petra, dijo con voz neutra:

—Ve a cambiarte, te espero abajo.

Dicho esto, entró en el elevador.

Rebeca esbozó una leve sonrisa y, mirando la puerta ya cerrada del elevador, comentó en voz baja:

—Aun después de que lo hiciste enojar de esa manera, es capaz de hablarte por iniciativa propia. La última vez que yo apenas lo provoqué, me ignoró por días.

Petra la escuchó, pero no respondió.

¿Acaso Rebeca quería insinuar que Benjamín la trataba de una forma especial?

Ella no lo creía así.

Uno solo muestra sus emociones más genuinas con su propia familia.

Y ella no era más que una socia temporal.

Quién sabe qué día la sociedad se vendría abajo y todo terminaría.

—Voy a cambiarme.

Le dijo Petra a Rebeca con cortesía antes de entrar al vestidor.

Rebeca asintió.

—Claro.

—Luego le pediré al estilista que te arregle un poco.

—No es necesario —rechazó Petra de inmediato—. Prefiero estar como siempre.

De cara al público, ella era solo una asistente de Benjamín, no tenía por qué arreglarse de manera tan ostentosa.

Después de todo, no era la protagonista del día.

—Aun así, deberías arreglarte un poco —insistió Rebeca en voz baja—. Si en el futuro se hace pública su relación matrimonial, es probable que la gente saque a la luz las fotos de hoy. Y una mujer, sin importar cuándo ni dónde, siempre tiene que salir guapa en las fotos.

Lo había escuchado el día anterior en el hospital.

Rebeca enarcó una ceja y, con una sonrisa, añadió:

—Dijo que no le gusta permanecer mucho tiempo en el mismo puesto. Que si no se siente a gusto, podría renunciar en cualquier momento.

El rostro de Benjamín se ensombreció visiblemente.

Como si no lo notara, Rebeca continuó a propósito:

—El abuelo parece muy encariñado con Petra. Si ella te llega a «despedir», a ver cómo se lo explicas.

—Si de verdad quieres tener una vida tranquila y estable con ella, deberías manejar mejor la relación con tu tía. Quieres pagar tu deuda de gratitud, pero no puedes arrastrar a Petra contigo. Tu tía no le debe ninguna gratitud a ella.

—La existencia de ellas no afectará nuestra relación —frunció el ceño Benjamín—. Si a Petra no le gusta tratar con ellas, no tiene por qué esforzarse en hacerlo.

—En una familia tradicional, ¿de verdad crees que es tan simple? —dijo Rebeca con calma.

—Desde el momento en que se casó contigo, tendrá que tratar con tu tía, con la gente de la villa e incluso visitar de vez en cuando a la familia Pineda. Es imposible que no tengan contacto.

—¿Acaso por casarme con ella tengo que cortar lazos con mi tía? —dijo Benjamín con el ceño fruncido—. Sabes perfectamente que eso es imposible.

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