Después de comer, Petra y Benjamín regresaron a San Miguel Antiguo.
Cuando llegaron, ya era muy noche.
El chofer fue a recogerlos, pero para entonces Petra ya estaba agotada.
Apenas subió al carro, se recargó en Benjamín y se quedó dormida.
Benjamín la rodeó con el brazo por la cintura, observándola mientras descansaba en su regazo. Sus ojos estaban cerrados, pero sus largas pestañas temblaban ligeramente, delatando que su sueño no era profundo.
Con cuidado, tomó el portafolio que ella tenía sobre las piernas y lo puso a un lado, para luego levantarla y sentarla por completo en su regazo.
Petra abrió los ojos y se sorprendió al encontrarse sentada sobre las piernas de Benjamín.
—Yo...
Antes de que pudiera terminar, Benjamín le dijo en voz baja:
—Duerme. Te despierto cuando lleguemos a casa.
Petra asintió suavemente y apoyó la cabeza en su pecho, entregándose a un sueño ligero.
Adelante, el chofer echó un vistazo por el retrovisor y notó la ternura en la mirada de Benjamín, lo que le causó una gran sorpresa.
Quiso volver a mirar, pero de pronto sintió que la persona en el asiento trasero le sostenía la mirada, así que apartó la vista de inmediato.
La mirada que Benjamín le había lanzado a través del espejo era tan afilada que parecía capaz de quemar.
La suavidad que había visto en sus ojos momentos antes debió haber sido solo una ilusión.
El chofer no se atrevió a mirar de nuevo hacia atrás y se concentró en conducir con toda su atención.
***
Al llegar a la villa, el chofer estacionó el carro en el garaje y se apresuró a bajar para abrirle la puerta a Benjamín.
Petra ya estaba profundamente dormida en sus brazos.
Desde que había llegado a Santa Brisa, no había dormido bien una sola noche, y en Nueva Granada apenas descansó antes de ir a la negociación.
En ese momento, su agotamiento físico había llegado al límite.
Benjamín la cargó para bajar del carro, moviéndose con delicadeza para no despertarla.
Una vez que bajó, el chofer se inclinó para recoger el portafolio de Petra del asiento trasero.
De repente, Benjamín, que sostenía a Petra, se dio la vuelta.
La depositó en la cama.
Petra se dio la vuelta, abrió los ojos medio dormida y, al ver el atractivo rostro de Benjamín tan cerca, le acarició la mejilla y murmuró:
—¿Tú no vas a dormir?
—En un momento. Tú duerme primero —le respondió él en voz baja.
Petra murmuró un "sí" y se hundió en un sueño profundo.
Benjamín observó su rostro dormido, sonrió con resignación y le dio un beso suave en la mejilla.
En ese momento, su celular comenzó a sonar.
Vio que era una llamada de Baltasar Sandoval.
Frunció ligeramente el ceño, silenció el teléfono y salió de la habitación para contestar.
La voz de Baltasar no tardó en sonar al otro lado de la línea.
—Primo, ¡malas noticias! Uno de los nuevos desarrollos inmobiliarios del Grupo Hurtado se derrumbó. Ya hay tres obreros muertos y varios más siguen atrapados bajo los escombros.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...