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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 770

Josefina no se atrevía a decir nada; se limitaba a comer con la cabeza gacha, muy modosita.

Germán no tenía mucho apetito. Después de un par de bocados, dejó los cubiertos y se levantó para irse.

Al llegar a la puerta del comedor, se detuvo, le echó un vistazo a Josefina y dijo con voz grave:

—Si no mal recuerdo, anoche dije claramente que no fueran a estorbar al lugar de los hechos, ¿o me equivoco?

Al oírlo, la mano de Josefina se aferró con más fuerza al tenedor.

Frida se apresuró a intervenir.

—Señor, Josefina está por empezar a trabajar en el Grupo Hurtado. Quería que se fuera familiarizando, por eso la llevé conmigo.

—Además, no le causó ningún problema a Benjamín. Solo estuvo a un lado, ayudando discretamente con cosas sencillas.

Germán le lanzó una mirada indiferente a Frida y dijo con frialdad:

—¿De verdad crees que ya estoy viejo y no me doy cuenta de nada?

El comentario de Germán la dejó sin aliento. Frida bajó la cabeza de inmediato, sin atreverse siquiera a respirar.

Por suerte, Germán no insistió y simplemente salió del comedor.

Josefina se quedó sentada, apretando el tenedor con todas sus fuerzas. Solo cuando Germán se hubo alejado, soltó un suspiro de alivio y levantó la vista hacia su madre.

Frida le puso una mano en el hombro para tranquilizarla.

—No tengas miedo.

—El señor solo está molesto porque actuamos por nuestra cuenta.

Josefina asintió y murmuró:

—Mamá, en cuanto empiece a ganar dinero, te juro que voy a comprar una casa afuera para que te mudes.

Frida sonrió al escuchar las palabras de su hija.

—Tengo dinero, hija.

Simplemente, no quería irse de ahí.

Aunque durante todos estos años su matrimonio con Paulo Hurtado había sido solo de nombre, la familia Hurtado nunca le había escatimado nada en cuanto a lujos y comodidades.

Tenía dinero para comprar una casa, pero no quería.

Vivir tantos años en esa mansión había sembrado en ella una obsesión: quería convertirse en la verdadera dueña de ese lugar.

Germán ya era un hombre mayor. Había esperado tanto tiempo que ya no le quedaba mucho por aguantar.

***

En el restaurante.

—Sí, ha pasado bastante tiempo, señor Benjamín.

—Sírvanse y comamos mientras charlamos, que se enfría la comida.

Benjamín respondió con voz serena:

—Claro.

Con un movimiento natural y diestro, retiró la silla junto a Petra, la miró fijamente y le dijo con voz suave:

—Debiste haberme dicho que hoy cenabas con los accionistas, así habría venido contigo para no hacerlos esperar.

Al escuchar las palabras de Benjamín, los accionistas presentes prácticamente pararon las orejas, ansiosos por captar más información útil.

Aquella era una cena interna de los accionistas del Grupo Calvo.

Benjamín no era más que un extraño para ellos.

Sin embargo, la forma en que habló daba a entender que su relación con Petra era algo fuera de lo común.

Los que aún no estaban al tanto de la situación comenzaron a especular.

«¿Será que su relación es, en efecto, algo especial?».

***

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