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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 801

Benjamín tomó la maleta de manos de Petra y le acarició la cabeza.

—Descansa temprano, ya me voy al aeropuerto.

Petra asintió suavemente, observando a Benjamín mientras se iba.

Benjamín bajó las escaleras con la maleta.

Petra se quedó inmóvil, mirando su espalda con la mente en blanco, hasta que él llegó al final de la escalera. Entonces, lo llamó.

—Te llevo al aeropuerto.

Dicho esto, bajó los escalones de dos en dos, corriendo.

Al verla, el corazón de Benjamín dio un vuelco. Se apresuró a llegar al pie de la escalera y la tomó del brazo, atrayéndola hacia él.

—¿Y si te resbalabas? —la regañó con un tono serio, desaprobando por completo que bajara corriendo de esa manera.

Petra frunció los labios y, al ver su expresión grave, dijo:

—Me estaba agarrando del barandal.

»Además, estabas tú aquí abajo, ¿no? Incluso si me hubiera caído, seguro que me habrías atrapado.

Al oír esto, los profundos ojos negros de Benjamín se posaron en su rostro. Vio la sonrisa sutil que se dibujaba en sus labios mientras hablaba.

Al verla así, Benjamín la abrazó con un poco más de fuerza.

—Espérame a que vuelva.

Petra asintió y, levantando la cabeza para mirar al hombre que tenía delante, dijo en voz baja:

—Te llevo al aeropuerto.

Benjamín respondió con un «mm» y, con una mano tirando de la maleta y la otra rodeando a Petra, salió de la casa.

Cuando se fueron, Delfina salió de un rincón. Al verlos caminar juntos, su rostro se iluminó con una sonrisa.

«Qué bien», pensó. «Ya tengo algo que reportarle al señor».

***

De camino al aeropuerto, Petra no pudo evitar darle a Benjamín una lista de recomendaciones.

—En el Estado de Chavín ya empezó a hacer frío. Recuerda ponerte un abrigo por la mañana para no resfriarte, y también…

Benjamín se sentó a su lado en silencio, escuchando sus detalladas instrucciones con una sonrisa en los labios.

No fue hasta que llegaron al aeropuerto que Petra empezó a hablar menos.

El chofer estacionó el carro en el área designada, se bajó y le abrió la puerta a Benjamín.

—Señorita Petra, no se preocupe, al señor Benjamín no le pasará nada.

Esta vez, un pequeño equipo de guardaespaldas acompañaba a Benjamín al Estado de Chavín.

Petra asintió y respondió con calma:

—Él es muy capaz, confío en él.

Dicho esto, miró por la ventana.

El chofer la vio por el retrovisor y, al notar que se había tranquilizado, guardó silencio y condujo de regreso a la villa.

Cuando Petra llegó, Delfina acababa de terminar de limpiar toda la casa y se disponía a ir a su habitación. Al verla entrar, se acercó a platicar un poco con ella.

—Señora, ¿no fue de viaje con el señor?

La había visto salir con Benjamín y pensó que se iban de viaje juntos.

Petra negó con la cabeza y respondió en voz baja:

—No, yo no fui.

Delfina, al ver su respuesta tan escueta, fue lo suficientemente discreta como para no seguir preguntando.

—Bueno, señora, si necesita cualquier cosa, no dude en decírmelo.

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