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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 876

—Hermano, ¿acaso no estás de acuerdo con que Efraín ocupe este puesto?

—Si no te parece, dímelo de frente. No quiero que a nuestra edad todavía surjan resentimientos entre nosotros.

Al escucharlo, Germán levantó la vista hacia Yago. Su mirada, tan afilada como la de un halcón, lo hizo sentir un poco incómodo.

Después de un largo momento, Germán dijo con voz grave.

—Yago, ya te lo dije, me parece muy bien que Efraín ocupe ese puesto.

—Nuestro Benjamín tiene sus propios planes.

—Además, con Efraín en esa posición ahora, que Benjamín regresara al Grupo Hurtado sería, de hecho, poco favorable para él.

—Si a la empresa le va bien, no hay problema, pero si le va mal, ¿no tendría Efraín que cargar con toda la culpa?

Justo cuando Yago iba a responder, Germán lo interrumpió levantando una mano.

—Ya basta. El asunto está zanjado, no tiene caso seguir hablando de esto.

—Ahora, si insistes en que Benjamín se quede en el Grupo Hurtado, entonces tendré que empezar a cuestionar la capacidad de Efraín. ¿O es que el Grupo Hurtado de plano no puede funcionar sin nuestro Benjamín?

Después de que Germán soltara esa frase, Yago se quedó completamente en silencio.

***

La noticia del regreso de Benjamín no tardó en llegar al patio lateral.

Frida corrió desde allí y, al ver a Benjamín sentado en el sofá, platicando con Germán, una expresión de asombro cruzó por sus ojos.

—Benjamín…

Cuando Frida pronunció su nombre, su voz temblaba ligeramente.

Benjamín levantó la vista, la miró, asintió levemente y dijo.

—Tía.

Frida asintió, apoyándose en la pared con una mano. La sonrisa en su rostro parecía un poco forzada.

Petra, al ver la escena, no pudo evitar que un atisbo de duda apareciera en su mirada.

Durante todo este tiempo, Frida no había recibido ninguna noticia sobre Benjamín.

—Ay, muchacho, si estabas bien, ¿por qué no le llamaste a tu tía para avisarle?

—¿Tienes idea de lo preocupada que he estado por ti? Todos estos días no podía ni comer ni dormir en paz.

Mientras Frida hablaba, se le escurrió una lágrima por la mejilla.

—Lamento haberte preocupado, tía. La situación en ese momento era delicada y no convenía que mucha gente lo supiera —respondió Benjamín.

Los ojos de Frida se enrojecieron.

—¿Acaso para ti tu tía es una extraña? ¿Temías que si me lo contabas, yo se lo diría a alguien más?

Al decir esto, el tono de Frida tenía un matiz de indignación que opacaba toda su preocupación y angustia anteriores.

Benjamín frunció el ceño al instante. Sus profundos ojos oscuros se posaron en Frida, impidiendo leer cualquier emoción.

La expresión de Frida se congeló por un segundo, y bajó la cabeza para secarse las lágrimas.

Fue en ese preciso momento que Petra sintió, con total certeza, que algo no andaba bien con las emociones de Frida.

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