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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 899

Josefina esta vez se puso lista. Sabía que Benjamín ahora trataba a Petra de una manera completamente diferente y que, como estaban en plena luna de miel, pasara lo que pasara, Benjamín se pondría del lado de Petra.

Así que era mejor echarle la culpa a Rebeca.

Durante años, Rebeca siempre había menospreciado y humillado a Frida, y seguro que Benjamín lo había notado.

—¿Qué le dijiste a mi madre para que le diera tal coraje que se desmayó?

Decía Josefina, con lágrimas en los ojos.

Rebeca, al verla en ese estado, soltó una risa fría.

—¿Cómo sabes que se desmayó del coraje y no del susto?

Josefina apretó los dientes: —Mi madre tiene la conciencia tranquila. Todos en la familia Hurtado hablan bien de ella, ¿qué podría haber hecho para asustarse a sí misma hasta desmayarse?

Rebeca quería replicar, pero Benjamín intervino con voz grave:

—Ya basta.

Al ver esto, Rebeca frunció el ceño y miró a Benjamín con cara de pocos amigos.

Josefina dejó de acusar a Rebeca y se limitó a llorar bajito.

—Pobre de mi madre. También es mi culpa por no servir para nada; como solo soy su hija adoptiva, mi voz no cuenta en la familia Hurtado. Si ella hubiera tenido sus propios hijos en aquellos años, probablemente ahora nadie se atrevería a hacerle la vida imposible así.

Jimena, que estaba parada a un lado escuchando, levantó la vista y fijó sus ojos en Josefina.

No esperaba que Josefina, viéndose tan joven, tuviera tanto colmillo para hablar.

Ese discurso, sin duda, era para hacer sentir culpable a Benjamín.

Todos sabían que Frida no había tenido hijos porque se dedicó a cuidar a Benjamín.

Puso toda su atención en él y por eso decidió no ser madre biológica.

Estaba apelando a la culpa de Benjamín.

Rebeca, como era de esperarse, estaba que echaba humo por las palabras de Josefina.

Justo cuando iba a abrir la boca, Jimena levantó la mano y la detuvo.

Rebeca miró de reojo a Jimena, quien negó levemente con la cabeza. Rebeca se tragó las palabras que tenía en la punta de la lengua.

Benjamín miró las llaves que Petra le había puesto en la mano, con el ceño muy fruncido.

Al final, apretó las llaves en su puño y dijo secamente:

—Está bien.

Josefina suspiró aliviada disimuladamente al ver que las llaves quedaban en manos de Benjamín.

Aunque las lágrimas seguían colgando de sus pestañas.

Poco después, la voz débil de Frida se escuchó desde la habitación.

—Benjamín...

Al oír a Frida, Benjamín entró en la habitación.

Cuando Rebeca quiso seguirlo, Josefina le bloqueó el paso con el brazo.

—Rebeca, mi mamá solo quiere hablar un momento con Benjamín, por favor no entres a alterarla más.

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