—¿Sabes qué? Me enteré de un chisme, un chisme buenísimo de la familia Hurtado.
Al escuchar esto, Petra arqueó una ceja.
—¿Qué chisme?
Belinda soltó una risita traviesa y dijo:
—¿Ves que tengo una compañía de «información» a mi nombre? Hoy recibieron a un cliente. ¿Adivina quién era?
Petra arqueó la ceja y dijo con calma: —¿Germán?
Belinda se quedó pasmada unos segundos al ver que Petra había adivinado a la primera, y preguntó:
—¿Cómo supiste?
Petra sonrió con resignación y dijo:
—¿No fuiste tú la que dijo que era un chisme de la familia Hurtado?
Belinda chasqueó la lengua.
—¿A poco ya sabías?
Petra lo negó: —No, no sé nada, estoy en blanco. ¿Cuál es el chisme? Cuéntame.
Hacía mucho que no platicaban, y Petra no quería terminar la llamada.
Además, sí tenía mucha curiosidad por saber qué había ido a averiguar Germán.
Belinda dijo de inmediato:
—El «detective» de mi compañía me llamó hoy para contarme.
—Dijo que el señor Germán lo buscó para averiguar información sobre la industria joyera reciente.
—Resulta que últimamente ha aparecido en el mercado negro un lote de joyas de altísimo valor y con un brillo excelente, de esas que casi no se ven. ¿Adivina de dónde salieron esas joyas?
Petra arqueó ligeramente la ceja al oírlo.
Ella pensaba que Frida llevaba mucho tiempo vendiendo las reliquias de Belén.
¿No me digas que apenas empezó hace poco?
Si empezó hace poco, probablemente fue durante el tiempo que se supo que Benjamín estaba hospitalizado tras sufrir el accidente.
Si fue en ese tiempo...
Petra se frotó el entrecejo. Con razón Benjamín estaba actuando así.
Que la gente en la que confiaba le clavara un puñal por la espalda... debió haberle dolido en el alma.
Belinda bajó la voz al otro lado de la línea y dijo suavemente:
—Petra, esto solo te lo cuento a ti, hazte la loca como que no sabes nada. Firmamos un acuerdo de confidencialidad. Pero eres mi mejor amiga y no quiero que el cochinero de la familia Hurtado te salpique.
—Tienes que protegerte, ¿eh?
A pesar de haber crecido mimada por la familia Ferrer, Belinda sabía perfectamente que las luchas de poder detrás de grandes familias como los Hurtado no eran nada limpias.
Ahora que Petra era la esposa de Benjamín...
Si no tenía con qué defenderse, era muy fácil que esa gente acostumbrada a las jugadas sucias la incriminara.
Petra notó la preocupación en la voz de Belinda y su tono se volvió mucho más dulce.
—Sí, me voy a cuidar, te lo prometo.
—Belinda, gracias.
Belinda soltó una risa franca.
—¿Gracias de qué? Para eso estamos las amigas.
Al ver que el estado de ánimo de Belinda era mucho mejor que cuando estaba en el país, Petra se sintió tranquila.
Víctor Ferrer era un hermano mayor muy confiable, tenía a Belinda muy bien protegida.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...