—Benjamín, ¿qué significa esto?
Benjamín: —Súbete, te cargo.
Germán se rio y dijo:
—Benjamín, ¿para qué me vas a cargar? Tu abuelo todavía no está tan viejo como para no poder caminar.
Benjamín: —De chiquito tú me cargabas a mí, ahora que estás viejo, me toca cargarte a ti.
Germán sonrió al escucharlo y le pasó el bastón al mayordomo.
El mayordomo lo tomó con una sonrisa.
Benjamín no tuvo que hacer mucho esfuerzo para cargarse a Germán en la espalda.
Abuelo y nieto iban caminando; Benjamín, dándole la espalda a Germán, dijo de repente:
—Abuelo, todos estos años, le has batallado mucho.
Germán respondió con calma:
—No se trata de si le batallé o no.
Petra seguía a Benjamín y a Germán a paso lento, escuchando su conversación.
Pasó un buen rato antes de que Benjamín dijera en voz baja:
—Abuelo, voy a cuidar bien de ti y del abuelo Agustín.
Era la primera vez que Germán escuchaba a Benjamín decir algo tan sentimental. Guardó silencio un largo rato y luego dijo sonriendo:
—Está bueno.
—El señor Pineda tiene razón, tú, muchacho, hasta que te casaste sentaste cabeza de verdad.
Benjamín llevó a Germán cargando hasta el salón principal de la familia Hurtado.
Frida, al recibir la noticia, corrió desde la casa anexa.
Al ver a Benjamín entrar cargando a Germán, puso cara de angustia total.
—¿Qué le pasó al viejo? ¿Cómo que fue a la casa Pineda y regresó así?
Su voz estaba llena de preocupación, pero entre líneas se notaba su descontento con la familia Pineda.
La mirada de Benjamín no se posó en ella, ni le contestó.
Germán se frotó el entrecejo y dijo con voz grave:
—¿Por qué tanto escándalo? Solo me tomé unas copas de más con el señor Pineda.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...