—Rosalía, encárgate tú de solucionar esto.
Rosalía asintió y aceptó dócilmente.
—Sí, papá.
Mientras hablaba, levantó la vista para mirar a Catalina y luego apartó la mirada.
Catalina respiró hondo, apretó los dientes y dijo con firmeza:
—Papá, no necesito que ella lo resuelva. Yo sé cómo arreglarlo.
Felipe soltó un bufido frío.
—¿Tú qué vas a saber?
—Ya provocaste la indignación de la gente, ¿te das cuenta?
—Tu tío ya dijo que, con tu carácter, no sirves para heredar el negocio familiar. De ahora en adelante, no te metas en los asuntos de la empresa; confórmate con ser la señorita Catalina y ya.
Al escuchar esto, la expresión de Catalina se congeló y se apresuró a decir:
—Papá...
Felipe la interrumpió de tajo:
—¡Ya basta! ¡Lárgate de aquí!
Catalina se mordió el labio con fuerza, mirando la expresión severa de Felipe, sin atreverse a respirar fuerte.
La señora Espino se acercó en ese momento, se paró junto a Felipe y dijo en voz baja:
—Felipe, ya revisé los mensajes. Todo eso fue cosa de cuando Catalina era joven e inmadura. Ahora lo ha estado haciendo muy bien.
—Últimamente se ha esforzado mucho en aprender, tú mismo has visto su progreso.
—¿Por qué no le das otra oportunidad?
Al oír esto, Felipe puso cara larga.
Catalina aprovechó el momento y dijo rápidamente:
—Papá, voy a pedir disculpas. Me disculparé personalmente para que la familia Espino no salga afectada.
Sin embargo, después de publicar el video, nadie se tragó el cuento. Al contrario, la gente empezó a buscarle tres pies al gato.
Por ejemplo, el abrigo que Catalina llevaba puesto mientras se disculpaba valía una fortuna.
Sus aretes costaban varios millones.
Todo eso de que era una "persona común" era puro cuento para hacerse la víctima.
La gente no solo descubrió el precio de la ropa de Catalina, sino que también destapó su identidad como la señorita de la familia Espino.
De un momento a otro, la opinión pública, que originalmente solo atacaba a Catalina, se volcó contra la familia Espino.
Rosalía ya había regresado a la mansión Ruiz. Acostada en su cama, al ver las noticias, curvó los labios en una sonrisa fría.
Catalina es verdaderamente estúpida.
Justo cuando iba a guardar el celular, entró una llamada de Felipe.
Rosalía miró la llamada de su padre, no contestó y simplemente presionó el botón de silencio, dejando el teléfono a un lado.
Quería ver hasta cuándo Felipe podría seguir salvándole el pellejo a Catalina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...