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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1055

De pie en el balcón, Esmeralda vio un auto sedán estacionado frente a la entrada principal con las luces encendidas. Sus dedos se apretaron alrededor del celular.

—¿A qué viniste exactamente?

Mientras hablaba, vio la silueta borrosa del hombre bajando del auto a lo lejos. Su instinto le decía que él tenía la mirada fija en su dirección, y entonces la voz grave de David resonó por el auricular.

—Vine a buscar lo que es mío.

Esmeralda se dio la vuelta y se sentó en la silla del balcón. De reojo, notó que Isa la observaba expectante desde el interior de la habitación. Su corazón dio un vuelco.

Isa había estado con ella desde que salió de la escuela, y en ningún momento la había visto hablando por teléfono con David. Si él aparecía de repente a esa hora, debía ser por el amuleto de protección.

Soltó un suspiro ahogado y preguntó:

—¿Se te quedó algo en mi casa?

—Esmeralda, ¿en serio me vas a obligar a decirlo directamente? Si no te lo pido, no pensabas dármelo, ¿verdad?

Al escuchar su tono, Esmeralda le respondió con cierta irritación.

—¿Y qué pasa si decido no dártelo?

Al terminar la frase, un silencio pesado inundó la línea. Solo podía escuchar la respiración profunda y agitada del hombre; de verdad no entendía por qué se molestaba tanto de la nada.

Tras un largo silencio, Esmeralda apartó el celular, respiró hondo para calmarse y volvió a la habitación. Se sentó junto a Isa y le preguntó con suavidad:

—Isa, ¿tú le dijiste a papá?

La niña miró a su madre, sin intentar negarlo, y se disculpó con sinceridad.

—Perdón, mamá, no aguanté y le dije a papá... pero no le dije qué era lo que le ibas a dar.

Entonces él ya lo sabía. Con razón había empezado a buscarla de forma activa en los últimos días; seguramente se había enterado cuando fue por Isa a la escuela.

—Quédate aquí portándote bien, mamá va a salir un momento.

Isa asintió con la cabeza.

—Está bien.

Esmeralda caminó hasta su buró, abrió el cajón, sacó el amuleto de protección y lo metió en una pequeña bolsita de la suerte.

Bajó las escaleras.

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