Noelia soltó una risa burlona y exclamó:
—Hacen muy buena pareja. Los plebeyos se juntan con los plebeyos; ¡los dos son un par de don nadie que no dan el ancho en este lugar!
Tras soltar su veneno, dio media vuelta con la intención de irse.
Sin embargo, una voz gélida resonó repentinamente a sus espaldas:
—Si te atreves a irte así nada más, te juro que haré que Fermín venga a suplicarme perdón arrastrándose.
Su tono estaba cargado de una autoridad absoluta, y en su mirada brillaba una crueldad intimidante.
Al escuchar aquellas palabras, Esmeralda frunció el ceño y miró de reojo a Enzo. Nunca lo había visto perder la compostura de esa manera. Siempre solía ser tan frío y calculador; esa repentina e incomprensible forma de defenderla solo le provocaba un extraño hartazgo.
Noelia, por su parte, se detuvo en seco. Se quedó paralizada un par de segundos antes de reaccionar y se giró para mirarlo con furia. Aunque en el fondo se moría de miedo, no pensaba doblegarse ante él. Soltó un bufido y le gritó con voz chillona:
—¡No eres más que el perrito faldero de la familia Santana! ¿Te crees intocable solo porque David te da un poco de atención? Enzo, ¿de qué estás tan orgulloso? ¿De verdad crees que puedes hacer lo que se te dé la gana aquí en San Pedro?
Esmeralda por fin lo entendió. Noelia era exactamente igual a Clara: un par de huecas.
Por eso algunas familias de renombre terminaban en la ruina y el olvido; todo por culpa de criar a idiotas tan ignorantes. Eran personas que desde la cuna se sentían superiores a los demás, arrogantes que hacían lo que querían, pensando que el apellido y el dinero de la familia iban a limpiar sus desastres para siempre.
Si un hombre como Enzo se atrevía a lanzar una amenaza así, era porque tenía los medios y el poder para cumplirla. Si Noelia tuviera aunque fuera la mitad del sentido común y la prudencia de Cecilia, tal vez David le habría prestado un poco más de atención.
—Si puedo hacer o no lo que se me dé la gana... lo vas a descubrir cuando veas cómo le hago la vida de cuadritos a tu hermano —respondió Enzo con un tono tranquilo, pero cargado de una presión aterradora.
El corazón de Noelia dio un vuelco. Sintió que se le helaba la sangre desde los pies hasta la cabeza y, con los labios temblorosos, alcanzó a murmurar:
—Tú... ¡no te atreverías!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...