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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 587

Después de ese intercambio, la habitación volvió a sumirse en un silencio incómodo.

Emanuel observaba a David y Enzo, quienes tenían caras de pocos amigos. Al no ocurrírsele nada inteligente para romper el hielo, optó por sentarse a un lado y aguantar la espera.

David levantó la muñeca para checar la hora en su reloj.

Cinco minutos clavados después, Cecilia entró al salón acompañada de Noelia.

Noelia caminó hasta detenerse frente a Esmeralda. Ya no quedaba rastro del coraje y la soberbia que destilaba antes; había bajado sus humos por completo. Con la mirada en el suelo, murmuró:

—Una disculpa. No debí perder el control de esa forma.

Toda la prepotencia de minutos atrás se había hecho humo. Esmeralda levantó la mirada hacia ella con evidente indiferencia y no se molestó en responderle.

David estaba sentado junto a ella, con el brazo recargado en el sillón, tamborileando suavemente con su dedo índice. Su expresión era un completo misterio.

El enorme salón estaba tan callado que casi se podía escuchar la respiración de todos los presentes.

Fermín tomó la palabra:

—Señorita Evelynn, si hay algo con lo que podamos compensarle esto, pídalo. Todo sea por llevar la fiesta en paz.

Esmeralda lo ignoró como si no existiera.

Sandra, que observaba desde la barrera, sintió que le hervía la sangre al ver la actitud tan sobrada de Esmeralda. Ahí estaba, sentada al lado de David, obligando a todos a estar a su disposición. Aunque, viéndolo bien, tener a esos dos titanes cubriéndole la espalda le daba el derecho a ponerse todos los moños del mundo.

Emanuel adoptó una postura sumisa y amable:

—Evelynn, entendemos que esto te pasó aquí, en nuestro evento. No vamos a hacernos patos con la responsabilidad. Considéralo un favor que te debemos. Lo que se te ofrezca, no dudes en decirnos.

Esmeralda captó a la perfección que los Valenzuela intentaban blindar a Noelia. Se quedó callada unos segundos antes de responder con sequedad:

—Si esa es la tirada, no hay más que platicar. No necesito nada de ustedes.

Dicho esto, se puso de pie y enfiló hacia la salida.

David, que había estado callado todo el bendito rato, se levantó y se fue tras ella.

Sandra le dio la razón en corto:

—Cecilia dice la pura verdad. Noelia, haz memoria de la tarugada que cometiste hace cinco años y de cómo tus papás tuvieron que ir a rogar para que no los arruinaran.

Basta recordar cómo, en aquel entonces, David rompió relaciones con los Lozano de un plumazo. Cuando sus padres se enteraron de la jalada que había hecho, casi la llevan arrastrando a pedir perdón. Si no fuera porque doña Antonella metió las manos, los hubieran borrado del mapa.

—Es obvio que David y Enzo la van a proteger a capa y espada. Tú enfócate en tu compromiso, bájale a tus rabietas y deja de jugarle al vivo antes de que provoques otra tragedia.

Aunque a Noelia se la llevaba la fregada del coraje, en el fondo sabía que las dos tenían la boca llena de razón.

Con tremendo quemón, era lógico que los Valenzuela ya la tuvieran en la mira. Obviamente se le habían esfumado las ganas de quedarse en la fiesta.

Se suponía que todos iban a dormir ahí esa noche, pero David mandó traer a Isa. Mientras esperaban a la niña, Sandra y Emanuel se acercaron a ellos para reiterarles sus disculpas.

—¡Mamá! —se escuchó la tierna voz de Isa desde la escalera.

En cuanto Esmeralda la vio, su rostro se iluminó con una sonrisa dulce. Corrió a agarrarla de la manita y luego saludó a Rafael, quien venía detrás acompañando a la pequeña.

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