Mientras hablaba, le dio un kit a Álvaro y el otro a Santiago.
—¡No manches, trajiste un montón de cosas! Parece que fuiste a surtir mercancía —comentó Álvaro, sorprendido—. ¿Y para ti qué compraste?
—Obviamente no me iba a quedar atrás.
Esmeralda alzó la cabeza con orgullo, esbozó una sonrisa traviesa y les enseñó el collar de perlas de quinientos mil pesos que se había regalado.
—¿Qué tal? ¿Está padre, no?
—Está precioso, te va muy bien —la elogió Santiago con su tono siempre amable y sincero.
Ella guardó el collar y siguió vaciando la maleta, hasta que llenó todo el sillón de chácharas.
Esa noche.
Santiago se quedó a cenar con la familia de la Garza.
Manolo incluso aprovechó para darle un detalle de Año Nuevo.
—No te me chivees, acéptalo. Es algo sencillo, nada más para que empieces bien el año.
Santiago lo recibió con ambas manos:
—Muchísimas gracias, señor.
Después de la cena, Santiago avisó que ya se iba; esa noche tenía que dormir en su casa.
Esmeralda lo acompañó hasta la puerta. Justo cuando él se estaba subiendo a su coche, ella le preguntó de la nada:
—Oye, ¿tu abuelo está mal de salud?
Santiago se quedó un poco sacado de onda, pero asintió:
—Sí, lo tienen en observación en el hospital. De hecho, ahorita voy de pasada para allá a darme una vuelta.
Esmeralda asintió. Se veía que la salud de Don Óscar de verdad estaba empeorando.
Recordaba que años atrás ya había estado al borde de la muerte.
Quién sabe si había sido cosa del destino, pero justo después de que ella se casara con David, Don Óscar se había recuperado milagrosamente y anduvo bastante bien todos esos años.
Esmeralda le dedicó un murmullo comprensivo y le dijo:
—Maneja con cuidado, por favor.
Santiago hizo un ademán de despedida y le sugirió con voz suave:
—Ya métete, que hace frío acá afuera.
En cuanto él se fue.
Esmeralda se dio la vuelta y entró de nuevo a la casa.
Álvaro se la topó en el pasillo y le preguntó:
—Oye, ¿y por qué no te trajiste a Isa?
—Don Óscar se puso mal y David fue a recogerla.
—¿Qué tienes planeado para mañana en la noche?
Álvaro sabía que Isa estaba más pegada a ella que nunca, siempre deseando ver juntos a sus papás. En una fecha tan importante, de seguro la niña iba a querer que Esmeralda la acompañara.
Al día siguiente, como a eso de las diez de la mañana.
Esmeralda estaba a punto de marcarle a su hija.
En eso, tocaron la puerta de su cuarto.
—¡Esme!
Valentina se asomó al cuarto y le avisó:
—Acaban de llegar David y la niña.
Esmeralda frunció el ceño.
Dejó el teléfono y bajó las escaleras.
David y la pequeña ya estaban esperando en la sala.
—¡Mami!
Isa fue corriendo a abrazarle las piernas y la miró desde abajo, con cara de reproche:
—¿A qué hora regresaste? ¿Por qué no te fuiste a la casa con nosotros?
Esmeralda le acarició la cabecita a la niña y le dijo con ternura:
—Justo te iba a marcar por teléfono, mi amor. —Luego, levantó la mirada y se fijó en el hombre que estaba a unos pasos de ellas.
David le sostuvo la mirada, manteniendo un semblante frío e inexpresivo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...