La victoria de "Café Divino" le dio a Creativos V.R. el oxígeno que necesitaba desesperadamente. La cuenta no solo trajo consigo un flujo de ingresos estable que les permitió contratar a un par de diseñadores junior y comprar muebles decentes, sino que también les otorgó algo mucho más valioso: la credibilidad. Sin embargo, Valentina sabía que en el brutal ecosistema de la publicidad bogotana, una sola victoria no era suficiente para asegurar la supervivencia. Necesitaba un segundo golpe, uno más grande y contundente, que demostrara que su éxito no era una casualidad, sino el comienzo de una nueva era. La oportunidad llegó antes de lo que esperaba, y no vino del mundo tradicional del consumo masivo, sino del epicentro del futuro: la tecnología.
La noticia se extendió por la ciudad como un incendio en un día de viento. Una nueva y misteriosa startup tecnológica llamada "ConectaTech", respaldada por una cantidad obscena de capital de riesgo de Silicon Valley, estaba a punto de lanzar su producto estrella en América Latina, con Bogotá como su sede de operaciones. Nadie sabía exactamente qué hacía "ConectaTech", los detalles se mantenían en el más estricto secreto, pero el rumor era que su aplicación estaba destinada a revolucionar la forma en que las personas interactuaban en línea. La empresa estaba buscando una agencia de publicidad para orquestar su lanzamiento, y no estaban interesados en los nombres de siempre. Habían anunciado una licitación abierta, una competencia a la que cualquier agencia, grande o pequeña, podía presentarse. Era una oportunidad de oro, un contrato que podría definir la próxima década para quien lo ganara.
En la torre de Grupo Vega, Alejandro vio la noticia como una oportunidad de redención. La pérdida de "Café Divino" había sido una humillación pública que había debilitado su posición frente a la junta directiva. Ganar "ConectaTech" no solo reafirmaría el dominio de su agencia en el mercado, sino que sería la venganza perfecta. Aplastar a la incipiente empresa de su ex esposa en una competencia directa y en el sector más prestigioso sería la prueba definitiva de su superioridad.
—Quiero esta cuenta —anunció en una reunión de emergencia, su voz era un trueno—. No me importa lo que cueste. Quiero que todo el peso de esta agencia se concentre en ganar. Isabella, estarás al frente. No aceptaré un no por respuesta.
Mientras tanto, en la pequeña y soleada oficina de Chapinero, la reacción fue diferente. Carlos Nieto le mostró a Valentina el artículo sobre la licitación en su portátil, su expresión era una mezcla de excitación y temor.
—Jefa, esto es la Champions League —dijo, usando una analogía futbolística—. Competir aquí es jugar contra los más grandes. Contra… él.
Valentina leyó el artículo, sus ojos absorbiendo cada palabra. No sintió miedo. Sintió una oleada de pura adrenalina creativa. El mundo de la tecnología era nuevo, era audaz, estaba libre de las viejas reglas y de los patriarcas como Don Ramiro. Era un campo de juego donde la innovación valía más que la tradición. Era su territorio.
—No vamos a competir contra él, Carlos —dijo, su voz era tranquila pero vibraba con una intensidad renovada—. Vamos a competir por la mejor idea. Y en ese campo, no le tengo miedo a nadie.
La decisión estaba tomada. La pequeña y valiente "Creativos V.R." entraría en la arena para enfrentarse al gigante herido que era Grupo Vega. No era solo una licitación por una cuenta publicitaria. Era una batalla por el futuro. Era David contra Goliat. Y Valentina, armada con nada más que su talento y la lealtad de su pequeño equipo, estaba lista para lanzar la primera piedra. La competencia por el alma de "ConectaTech" había comenzado.

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