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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 102

Para Valentina, la investigación no era una fase preliminar del proceso creativo; era el proceso creativo en sí mismo. Mientras Grupo Vega probablemente estaría organizando focus groups y analizando hojas de cálculo demográficas, Valentina adoptó un enfoque de inmersión total, casi obsesivo. Sabía que para ganar una cuenta como "ConectaTech", no bastaba con entender el producto; tenía que entender el problema humano que el producto aspiraba a resolver.

Logró, a través de uno de los pocos contactos que le quedaban en la industria tecnológica, obtener una versión beta de la aplicación. Durante los días siguientes, la oficina de Chapinero se transformó en un laboratorio de antropología digital. Valentina y su pequeño equipo no solo usaron la aplicación, la vivieron. "ConectaTech" no era otra red social de publicaciones superficiales. Era una plataforma diseñada para fomentar conexiones más profundas y significativas. Utilizaba un algoritmo para conectar a un número limitado de personas basándose en intereses profundos y valores compartidos, y fomentaba conversaciones largas y significativas en lugar de interacciones rápidas y vacías. Era, en esencia, un antídoto contra la soledad y la superficialidad de las redes sociales existentes.

Valentina se obsesionó. Pasaba noches enteras navegando por la aplicación, no como una publicista, sino como una usuaria, sintiendo la emoción de conectar con un extraño al otro lado del mundo sobre un amor compartido por el cine de Tarkovsky o la poesía de Pizarnik. Llenó las paredes de la oficina no con datos de mercado, sino con perfiles de usuarios ficticios, con sus esperanzas, sus miedos, sus anhelos de conexión. Dibujó mapas conceptuales que no mostraban flujos de conversión, sino flujos de emociones humanas: la soledad, la curiosidad, la alegría del descubrimiento, la calidez de la amistad.

Carlos la observaba con una mezcla de admiración y preocupación.

—Jefa, son las tres de la mañana —le dijo una noche, encontrándola rodeada de libros de sociología y psicología sobre la era digital—. Tiene que descansar.

—No puedo, Carlos —respondió ella, sus ojos brillando con una intensidad febril, sin apartar la vista de un diagrama que estaba dibujando—. Estoy a punto de entenderlo. La gente no se va a descargar esta aplicación porque sea "cool" o porque tenga una interfaz bonita. Se la van a descargar porque se sienten solos. Porque estamos más conectados que nunca, pero más aislados que nunca. No vendemos tecnología, Carlos. Vendemos un remedio para el alma moderna.

Su enfoque era radicalmente diferente. No estaba pensando en influencers ni en campañas virales. Estaba pensando en la vulnerabilidad humana. Se sumergió en estudios sobre la epidemia de la soledad en las grandes ciudades, leyó ensayos sobre la fatiga de las redes sociales, habló con psicólogos sobre la necesidad innata de pertenencia.

Su investigación culminó en una sola y poderosa idea que escribió en el centro de su pizarra una madrugada, mientras la ciudad dormía. La idea no era un eslogan publicitario, sino una verdad humana: "La tecnología nos prometió conexión, pero nos dio ruido. La verdadera innovación no es conectar a más gente, es conectar mejor a la gente".

Esa frase se convirtió en la estrella polar de su propuesta. Todo lo que construirían a partir de ese momento —las imágenes, las palabras, la estrategia— emanaría de esa simple y profunda comprensión. Mientras Alejandro y su equipo probablemente estaban planeando cómo hacer que "ConectaTech" pareciera el nuevo juguete de moda, Valentina estaba descifrando cómo convertirlo en una herramienta esencial para el corazón humano. No estaba preparando una campaña de publicidad. Estaba preparando una tesis sobre la condición humana en el siglo XXI. Y sabía, con una certeza que le erizaba la piel, que había encontrado la clave.

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