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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 127

Mateo notó el cambio de inmediato. Fue sutil, casi imperceptible para un observador casual, pero para él, que había pasado las últimas horas sintonizado con cada matiz de su expresión y su lenguaje corporal, fue como si una nube hubiera tapado el sol. La luz en los ojos de Valentina se atenuó. La calidez en su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una cortesía distante. La conexión fácil y vibrante que habían compartido se había vuelto de repente tensa y frágil.

No entendía qué había pasado. Un momento estaban compartiendo un instante de profunda comprensión frente al museo, y al siguiente, mientras caminaban por la plaza, ella se había retirado a un lugar al que él no tenía acceso. Su primer instinto, el instinto de un hombre acostumbrado a resolver problemas, fue preguntar. "¿Qué pasa?", "¿Dije algo malo?", "¿Estás bien?". Pero se contuvo. Vio la vulnerabilidad en sus ojos, una sombra de un dolor antiguo que no tenía nada que ver con él, y su intuición le dijo que presionarla sería el peor error que podría cometer.

Alejandro, en una situación similar, habría reaccionado con impaciencia o irritación. Habría visto el cambio de humor de Valentina como una molestia, como un defecto en su comportamiento que necesitaba ser corregido. La habría acusado de ser "demasiado sensible" o de "arruinar el momento". Pero Mateo no era Alejandro.

En lugar de exigir una explicación, le dio espacio. Ralentizó el paso, ajustándose al de ella, y guio la conversación hacia temas más neutros y seguros. Habló del clima, de la arquitectura de la catedral, de un recuerdo divertido de su infancia en esa misma plaza. No intentó forzar la intimidad que habían perdido; simplemente mantuvo una presencia tranquila y constante a su lado, una señal silenciosa de que no la iba a abandonar solo porque ella se hubiera retirado.

Mientras caminaban de regreso hacia el coche, el silencio entre ellos ya no era cómodo, sino que estaba cargado de la pregunta no formulada. Valentina era dolorosamente consciente de su propio retraimiento, y se sentía frustrada consigo misma. Odiaba que el fantasma de Alejandro tuviera tanto poder sobre ella, que pudiera robarle la alegría de un momento tan perfecto.

Cuando llegaron a su hotel, Mateo la acompañó hasta la entrada. La torpeza había vuelto, más intensa que al principio de la noche.

—Gracias por hoy, Mateo. Me divertí mucho —dijo ella, las palabras sonando a una formalidad ensayada.

Capítulo 127 1

Capítulo 127 2

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