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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 133

Valentina finalmente había encontrado su propio lugar. Después de semanas de vivir en un hotel, había alquilado un apartamento en un edificio antiguo y con carácter en el límite entre Chapinero y Rosales. No era un penthouse ostentoso, sino un espacio acogedor en un tercer piso, con pisos de madera que crujían, techos altos y un balcón que daba a un tranquilo parque interior. Por primera vez en una década, tenía un hogar que era verdaderamente suyo, un lienzo en blanco que podía llenar con su propia identidad.

El proceso de convertir el apartamento vacío en un hogar fue una terapia para ella. No contrató a un diseñador. Pasó los fines de semana recorriendo tiendas de antigüedades y mercados de pulgas, eligiendo cada mueble, cada lámpara, cada cuadro con un cuidado personal. Llenó las paredes no con arte abstracto caro y sin alma, sino con grabados de artistas colombianos locales, fotografías en blanco y negro que había tomado en sus viajes y estanterías de madera que rápidamente comenzó a llenar de libros. El espacio se transformó en un reflejo de quién era ella: creativo, cálido, auténtico y sin pretensiones.

Una noche de sábado, invitó a Mateo a cenar por primera vez en su nuevo apartamento. No era una cena formal, sino una invitación casual a "estrenar la cocina".

—Te advierto que mis habilidades culinarias están un poco oxidadas —le dijo por teléfono, riendo.

—No te preocupes —respondió él—. Yo llevo el vino y el postre. Así compartimos el riesgo.

Cuando Mateo llegó, se quedó un momento en la entrada, simplemente observando el espacio.

—Vaya —dijo en voz baja, su admiración era genuina—. Este lugar eres tú.

Valentina sintió una oleada de orgullo. Que él reconociera su esencia en las paredes de su hogar significaba más para ella que cualquier cumplido sobre su trabajo.

La noche fue perfecta en su simplicidad. Cocinaron juntos en la pequeña pero funcional cocina, moviéndose en un ritmo fácil y sincronizado. Él cortaba las verduras mientras ella preparaba la salsa para la pasta. Se rieron de sus errores, se robaron trozos de queso y bebieron vino mientras el aroma a ajo y albahaca llenaba el aire. La música que sonaba de fondo era una mezcla de sus gustos, una lista de reproducción que habían creado juntos, saltando del jazz de Miles Davis a los boleros de Chavela Vargas.

Capítulo 133 1

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