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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 132

Isabella Montenegro se enteró de la relación entre Valentina y Mateo de la peor manera posible: por accidente y en público. Estaba en una cena de negocios en un restaurante de moda, intentando desesperadamente asegurar una nueva cuenta para compensar el desastre de "ConectaTech". Desde una esquina de su mesa, vio a una pareja entrar y ser conducida a un rincón discreto. Al principio, no les prestó atención. Pero luego, reconoció la risa de la mujer, una risa clara y sin inhibiciones que no había escuchado en años. Era Valentina. Y el hombre que la acompañaba, que la miraba con una adoración inconfundible, era Mateo Castillo.

La visión la golpeó como un golpe físico. Se quedó sin aire, el tenedor suspendido a medio camino de su boca. No estaban en una reunión de trabajo. La forma en que se miraban, la facilidad con la que sus manos se encontraban sobre la mesa, la intimidad de sus sonrisas compartidas… era innegable. Era una cita.

Una oleada de veneno puro, una mezcla tóxica de envidia y odio, la inundó. No eran celos por Mateo. Apenas lo conocía. Eran celos por Valentina, por su resiliencia, por su capacidad para no solo sobrevivir, sino para prosperar después de dejar a Alejandro. En la mente de Isabella, Valentina debería estar destruida, sola, suplicando por volver a la seguridad del imperio Vega. En cambio, estaba allí, radiante, exitosa y, lo peor de todo, feliz.

La felicidad de Valentina era la mayor derrota de Isabella. Demostraba que todo por lo que Isabella había luchado —el estatus, el dinero, la aprobación de Alejandro— era, en última instancia, una jaula. Valentina había encontrado la libertad, y esa libertad la había hecho más poderosa y más deseable que nunca. Mientras tanto, Isabella se sentía cada vez más atrapada. Su relación con Alejandro se había vuelto agria y volátil desde la pérdida de "ConectaTech". Él la culpaba, la menospreciaba, y su afecto, que siempre había sido transaccional, ahora era escaso y condicionado.

Ver a Valentina con Mateo fue la confirmación de su peor miedo: ella, Isabella, había apostado por el caballo perdedor. Se había aferrado a un rey en decadencia, mientras que la reina exiliada estaba forjando una alianza con un nuevo y más poderoso imperio.

La envidia se convirtió en un odio puro, visceral. Odiaba a Valentina por su talento, por su integridad, por la facilidad con la que parecía ganarse el respeto de todos. Pero sobre todo, la odiaba por su felicidad. Era un espejo que reflejaba su propia miseria, su propio vacío.

Capítulo 132 1

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