La euforia por la victoria de "Joya Real" fue un bálsamo temporal, una luz brillante en medio de la oscuridad que era su vida personal. Pero Valentina sabía que una batalla ganada no significaba el fin de la guerra. Al contrario, su triunfo solo había hecho que sus enemigos se volvieran más peligrosos. Alejandro estaba humillado y, por lo tanto, era más impredecible que nunca. Isabella, despojada de su momento de gloria, estaría sedienta de venganza. Valentina no podía permitirse bajar la guardia. Su siguiente movimiento no sería en el campo de la publicidad, sino en el legal.
Esa misma noche, después de una breve y tensa celebración con su equipo, Valentina se reunió con Sofía Herrera en un pequeño y discreto bar de vinos en el barrio La Macarena. El lugar, con sus paredes de ladrillo, su luz tenue y su ambiente bohemio, era el polo opuesto al mundo corporativo y estéril en el que Valentina pasaba sus días. Se sentía como un refugio, un lugar donde podía ser ella misma.
Sofía ya estaba allí, sentada en una mesa en la esquina, con una copa de Malbec y una pila de documentos legales a su lado. Su amiga era una mujer de contrastes: en el tribunal era una guerrera implacable, con una mente afilada como un bisturí, pero en su vida personal era cálida, directa y ferozmente leal.
—Llegas tarde —dijo Sofía a modo de saludo, aunque una sonrisa tiraba de la comisura de sus labios—. Supongo que estabas ocupada siendo la nueva reina de la publicidad bogotana. Ya leí la noticia en el portafolio online. Enhorabuena.
—Gracias, Sofi. Pero sabes que no estoy aquí para celebrar —dijo Valentina, sentándose y sintiendo cómo el peso del día caía sobre sus hombros.
—Lo sé —la expresión de Sofía se tornó seria. Apartó los documentos y se inclinó sobre la mesa—. Hablé con mi asistente. Los papeles preliminares del divorcio están listos para ser presentados. Pero antes de que apretemos el gatillo, tenemos que hablar de estrategia. Un divorcio, Vale, es una guerra. Y a una guerra no se va con buenas intenciones, se va con un arsenal.
Sofía tomó un sorbo de vino y la miró fijamente.
—Alejandro va a pelear sucio. Usará su dinero, sus conexiones y al abogado más cabrón que pueda encontrar. Van a intentar pintarte como una esposa celosa, inestable y resentida que solo busca su dinero. Nuestro trabajo es demostrar que eso es una mentira. Y para eso, necesitamos pruebas.


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