La pantalla de inicio de sesión brillaba en la oscuridad del despacho, un guardián digital protegiendo el reino de secretos de Alejandro. El cursor parpadeaba rítmicamente, una burla a su impaciencia. Valentina respiró hondo, intentando calmar el temblor de sus manos. Tenía que pensar como él, meterse en su mente narcisista para descifrar el código que protegía su vida.
Comenzó con lo obvio, las contraseñas que la gente perezosa o sentimental podría usar. Primero, su fecha de nacimiento. "Acceso denegado". Luego, la de ella. "Acceso denegado". Probó su aniversario de bodas, una fecha que él probablemente ni siquiera recordaba. "Acceso denegado". El nombre de su madre, el de su padre, el de su perro de la infancia. Nada. Cada intento fallido era un pequeño golpe, una frustración creciente que amenazaba con convertirse en pánico.
Miró alrededor de la habitación, buscando inspiración. Vio los trofeos de golf alineados en una repisa. Probó el nombre de su club de campo, "ElRincon1". "Acceso denegado". Vio el modelo a escala de su primer Porsche. Probó "Porsche911Turbo". "Acceso denegado".
La computadora le advirtió que después de dos intentos más, el sistema se bloquearía durante treinta minutos. El tiempo corría en su contra. El proceso de clonación seguía su lento avance, pero ella necesitaba acceso ahora, necesitaba saber qué buscar.
Se recostó en la silla, frustrada, y cerró los ojos. Tenía que dejar de pensar en cosas y empezar a pensar en conceptos. ¿Qué era lo más importante para Alejandro? ¿Qué definía su existencia? No era una persona, ni un objeto. Era una idea. La idea de sí mismo. Su éxito, su poder, su estatus.
Recordó la primera vez que lo habían entrevistado juntos para una revista de sociales, poco después de que lo nombraran CEO. El periodista le había preguntado cuál era la clave de su éxito. Alejandro había sonreído, su sonrisa ensayada para las cámaras, y había dicho una frase que desde entonces había repetido hasta la saciedad: "Para mí, el éxito no es una opción, es una obligación". Era su mantra, la frase que definía su ambición desmedida.
Pero era demasiado larga para una contraseña. Tenía que ser algo más corto, más icónico. ¿Qué evento había marcado el comienzo de su verdadero ascenso al poder? ¿El momento que él consideraba el inicio de su reinado? No era su matrimonio, ni la compra de su primer coche de lujo. Era el día en que su padre finalmente se había retirado y le había cedido el control total de Grupo Vega. El día en que se había convertido, oficialmente, en el CEO.

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