Con acceso total al sistema, Valentina se sintió como una arqueóloga a punto de entrar en una tumba faraónica recién descubierta. Sabía que los tesoros —o en este caso, las pruebas incriminatorias— estaban allí, enterrados bajo capas de archivos y carpetas, pero tenía que encontrarlos antes de que el tiempo se agotara, antes de que el sol saliera y su expedición clandestina tuviera que terminar. No se dirigió a las carpetas obvias como "Documentos" o "Imágenes", lugares donde solo encontraría la fachada pública de Alejandro. Su instinto, afilado por años de conocer su mente retorcida y su necesidad de control, la llevó a buscar en las profundidades del sistema, en las carpetas ocultas que la mayoría de los usuarios ignoran.
Después de varios minutos de una búsqueda infructuosa que le erizó los nervios, encontró algo interesante en una ruta de archivo oculta, dentro de una carpeta de sistema que parecía inofensiva. Una carpeta llamada simplemente "Proyectos V". La "V" de Vega, supuso, pero también, quizás, de "Varios" o "Privado". Hizo doble clic. Tal como sospechaba, la carpeta estaba protegida por una segunda contraseña.
Valentina sonrió con amargura. La arrogancia de Alejandro era predecible, y por lo tanto, era su mayor debilidad. Si la primera contraseña era su ego profesional, la segunda sería probablemente una variación de su ego personal. Probó con "ElRey". "Contraseña incorrecta". Probó con "ElJefe". "Contraseña incorrecta". Luego pensó en la única otra persona cuya opinión, por retorcida y competitiva que fuera su relación, realmente le importaba: su padre. Recordó el apodo que su padre solía usar para él en las reuniones familiares, un apodo que Alejandro públicamente odiaba porque lo hacía sonar infantil, pero que secretamente anhelaba porque significaba que era el heredero. "Junior01".
La carpeta se abrió sin resistencia.
Dentro, el paisaje digital cambió drásticamente. No había documentos de Word ni presentaciones de PowerPoint. Lo que vio fue una serie de archivos de hojas de cálculo y estados de cuenta bancarios en formato PDF, organizados meticulosamente en subcarpetas con nombres de años. El corazón de Valentina dio un vuelco, una mezcla de miedo y excitación. Esto era. Este era el verdadero centro de operaciones, la contabilidad secreta de su imperio.
Abrió la carpeta del año en curso. Estaba llena de archivos con nombres crípticos que parecían sacados de una novela de espías: "PRY-Tango", "PRY-Fenix", "PRY-Sombra". Eran, sin duda, nombres en clave para proyectos o transacciones que no debían ver la luz del día. Pero lo que más le llamó la atención fueron los estados de cuenta. No eran de bancos colombianos. Eran de un banco suizo, el Julius Baer, y de otro en las Islas Caimán, el Cayman National Bank. Ambos estaban a nombre de una sociedad offshore llamada "Vega Holdings International". Una empresa fantasma de la que nunca, en todos sus años de matrimonio, había oído hablar.
Abrió el estado de cuenta más reciente de las Islas Caimán, un documento de varias páginas. Los números que vio la dejaron sin aliento. Había millones de dólares fluyendo a través de esa cuenta cada mes, sumas de dinero tan vastas que no podían corresponder de ninguna manera al salario y los bonos declarados de Alejandro. Vio transferencias entrantes de grandes corporaciones, algunas de ellas clientes activos de Grupo Vega, bajo conceptos vagos como "servicios de consultoría estratégica". Y también vio pagos salientes a una variedad de consultores y empresas desconocidas en Panamá, Delaware y las Islas Vírgenes Británicas.
Esto iba mucho más allá de una simple infidelidad o del desvío de fondos para comprarle un apartamento a su amante. Esto parecía un complejo y sofisticado entramado financiero, probablemente diseñado para evadir impuestos, lavar dinero o recibir sobornos de clientes a cambio de contratos favorables. Se dio cuenta, con un escalofrío, de que se había topado con el secreto más profundo y oscuro de Alejandro. El secreto que, si salía a la luz, no solo acabaría con su matrimonio y su reputación, sino que podría enviarlo a la cárcel por muchos años.

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