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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 57

Los resultados de la búsqueda aparecieron en la pantalla en una fracción de segundo. El primer enlace, como esperaba, era la página web corporativa de "Constructora Horizonte". Valentina hizo clic, y su pantalla se llenó de una presentación pulcra y minimalista. La página de inicio era un despliegue de lujo y exclusividad, con un video en bucle de drones sobrevolando imponentes edificios de cristal y acero, y apartamentos modelo con vistas panorámicas de una Bogotá idílica. El eslogan de la empresa, escrito en una tipografía elegante, era "Construimos el lujo, diseñamos el futuro". Era el tipo de empresa con la que Alejandro se asociaría, una que hablaba su mismo idioma de poder y opulencia.

Valentina navegó con una urgencia febril directamente a la sección de "Proyectos". Su corazón latía con fuerza contra sus costillas mientras se desplazaba por las imágenes de los diferentes edificios en venta, cada uno con un nombre más pretencioso que el anterior: "Zafiro Imperial", "Ónix Tower", "Diamante Plaza". Y entonces, lo vio. Un nuevo proyecto, destacado en la parte superior de la página, en el corazón de La Cabrera. El edificio se llamaba "Esmeralda 102".

La conexión fue instantánea y brutal, un golpe físico que le quitó el aliento. "Proyecto Esmeralda" en la hoja de cálculo. "Esmeralda 102" en la página de la constructora. Era demasiado perfecto, demasiado descarado para ser una coincidencia.

Hizo clic en el proyecto. La página se llenó de renders fotorrealistas de un edificio espectacular, una torre esbelta y moderna con balcones llenos de vegetación, una piscina infinita en la azotea que parecía fundirse con el cielo bogotano y un vestíbulo de doble altura que parecía el de un hotel de cinco estrellas en Nueva York. Se desplazó por la galería de imágenes de los apartamentos: espacios amplios e inundados de luz, cocinas italianas, baños con acabados de mármol de Carrara y enormes ventanales con vistas al verde del Parque El Virrey. Era exactamente el tipo de lugar que Isabella, con su sed insaciable de estatus, describiría como "divino".

Valentina sintió una mezcla de náuseas y un oscuro y amargo triunfo. La presunción de Isabella por teléfono, su alegría infantil por el "regalo" de Alejandro, ahora tenía una dirección, un nombre y un precio. Y ese precio no lo había pagado Alejandro de su bolsillo. Lo había pagado Grupo Vega, con el dinero generado por el trabajo de cientos de empleados, incluido el de ella misma. Había estado, en esencia, financiando el nido de amor de su esposo con su amante.

Para confirmar su sospecha más allá de toda duda, para tener la prueba final que Sofía necesitaría, realizó una búsqueda más específica en una base de datos pública de registros de propiedad a la que tenía acceso a través de una suscripción de la agencia. Tecleó: "propietarios edificio Esmeralda 102 Bogotá". Los registros de propiedad eran públicos, aunque a veces tardaban en actualizarse. Pero tuvo suerte. El sistema arrojó los resultados de las escrituras registradas en los últimos seis meses.

Se desplazó por la lista de nombres, la mayoría sociedades anónimas o apellidos de familias adineradas que reconocía de las páginas de sociales. Y entonces, casi al final de la lista, lo encontró. Apartamento 1204. Propietaria: Isabella Montenegro Giraldo.

Valentina se recostó en la silla, el aire escapando de sus pulmones en un largo y tembloroso suspiro. Lo tenía. Tenía la conexión irrefutable, la línea recta que unía el dinero de la empresa con el lujoso estilo de vida de la amante de su esposo. La transferencia de Grupo Vega a la constructora, y la constructora como dueña del edificio donde Isabella ahora era propietaria. Cada pieza del rompecabezas había encajado en su lugar con una claridad devastadora y absoluta.

Miró la pantalla de su portátil, donde la imagen de la lujosa piscina en la azotea del "Esmeralda 102" contrastaba grotescamente con la hoja de cálculo de los gastos de la empresa que todavía estaba abierta en el computador de Alejandro. Era la imagen perfecta de su traición: un lujo construido sobre una base de mentiras y dinero robado. Ahora solo necesitaba encontrar la pieza final, el documento que uniera oficialmente el gasto con el fraude, la justificación interna que Alejandro había usado para engañar a su propia compañía.

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