Las semanas previas a la gala se convirtieron en un borrón de noches de insomnio y días febriles, un montaje cinematográfico de trabajo arduo y dedicación absoluta. El equipo de la gala, ahora unido por una causa común y una lealtad inquebrantable hacia Valentina, funcionaba como un organismo único y perfectamente sincronizado. La oficina se convirtió en su segundo hogar, un lugar donde las horas se desvanecían en un torbellino de creatividad, logística y una cantidad ingente de café y pizza.
Valentina estaba en el centro de todo, el sol tranquilo alrededor del cual giraba este universo de caos controlado. Su liderazgo era omnipresente pero nunca opresivo. Parecía tener la capacidad de estar en todas partes a la vez, resolviendo problemas con una calma que era a la vez asombrosa y contagiosa.
Se la podía ver a las dos de la mañana sentada en el suelo con el equipo de estudiantes de la Universidad Nacional, revisando las animaciones para el video mapping, sugiriendo un cambio de color aquí, un ajuste de ritmo allá. No les daba órdenes; les hacía preguntas que los llevaban a encontrar sus propias soluciones, tratándolos como socios creativos, no como simples proveedores. Su respeto por su talento hizo que los jóvenes trabajaran con una pasión que ninguna empresa podría haber comprado.
Luego, a las siete de la mañana, después de una ducha rápida y un cambio de ropa, ya estaba en una llamada con el equipo de catering, discutiendo los detalles del menú para cada una de las "décadas" en el Museo Nacional. Insistía en la autenticidad, investigando qué tipo de pasabocas se servían en los cocteles bogotanos de los años 70, o qué postres estaban de moda en los 90. Para ella, cada detalle, por pequeño que fuera, contribuía a la experiencia inmersiva.
Pero su papel más importante era el de protectora de su equipo. Se convirtió en un escudo humano entre su gente y el resto de la burocracia de la agencia. Cuando el departamento financiero cuestionaba un gasto, ella misma iba a defenderlo con datos y lógica, sin molestar a sus creativos. Cuando otros directores intentaban "tomar prestado" a alguien de su equipo para un proyecto "urgente", ella se interponía con una firmeza educada pero innegociable. "Mi equipo está dedicado al 100% a la gala del 50 aniversario, por orden directa de la junta", decía, una frase que ponía fin a cualquier discusión.

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