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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 83

Con un gesto de impaciencia, queriendo despachar rápidamente esa extraña interrupción para poder continuar con su discurso y recuperar algo de la dignidad perdida, Alejandro abrió la carpeta de cuero sobre el atril. Esperaba encontrar un resumen del evento, quizás un informe de prensa o una lista de agradecimientos de última hora. Lo que vio, sin embargo, hizo que el aire se le escapara de los pulmones en un silbido audible.

En la parte superior, perfectamente centrado sobre una hoja de papel de lino de alta calidad, había un título impreso en una tipografía sobria y legal: "DEMANDA DE DIVORCIO POR CAUSAL DE INFIDELIDAD Y OTROS".

Las palabras parecieron saltar de la página y golpearlo en la cara. Por un instante, su cerebro se negó a procesarlas. Parpadeó, pensando que era una broma de mal gusto, un truco, una alucinación producto del estrés y el whisky. Leyó la línea de nuevo. "Valentina Rojas, Demandante, vs. Alejandro Vega, Demandado". No había error posible.

Una ola de frío helado lo recorrió, comenzando en la base de su espina dorsal y extendiéndose hasta las puntas de sus dedos. La sangre pareció drenarse de su rostro, dejándolo con una palidez cadavérica que era visible incluso bajo las cálidas luces del escenario. Su máscara de control, la fachada de poder que había mantenido durante toda su vida, se agrietó y luego se hizo añicos en un instante.

Levantó la vista lentamente, sus ojos buscando los de Valentina. La encontró mirándolo, su expresión serena no había cambiado. No había triunfo en su rostro, ni odio, solo la calma de alguien que ha tomado una decisión irrevocable. Y en esa calma, Alejandro vio el final de su mundo.

Los fotógrafos, apostados al pie del escenario, eran como una manada de lobos que hubieran olido sangre. Sintiendo el drama, el cambio sísmico en la atmósfera, sus cámaras comenzaron a disparar en ráfagas, el sonido de los obturadores era como el crepitar de un incendio. Cada flash inmortalizaba la descomposición de Alejandro Vega, el momento exacto en que el hombre más poderoso de la sala se rompía en público.

Él intentó hablar, decir algo, pero su garganta se había cerrado. Miró a la multitud y vio cientos de rostros mirándolo fijamente, sus expresiones pasando de la confusión a la conmoción y el asombro. Vio a su padre, Don Ricardo, levantándose de su silla, su rostro una máscara de furia e incredulidad. Vio a Isabella, su boca abierta en una "o" perfecta, el color abandonando su rostro tan rápido como el de él.

Esto no era una simple demanda de divorcio. Era una declaración de guerra. Y Valentina había elegido lanzarla no en la privacidad de un bufete de abogados, sino en el escenario más público posible, en su noche de mayor gloria, transformándola en su humillación más profunda y espectacular. El primer golpe no había sido un simple movimiento en el tablero; había sido un golpe de gracia que lo había dejado expuesto, vulnerable y completamente desarmado ante todo su mundo.

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