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La Valiente Transformación de una Esposa Menospreciada romance Capítulo 90

Valentina salió a la escalinata del Museo Nacional y el aire fresco de la noche bogotana la golpeó como una bendición. Era un aire frío, limpio, que parecía purgar el ambiente cargado y viciado de la gala de sus pulmones. El sonido de los aplausos y la admiración había sido reemplazado por los sonidos de la ciudad: el lejano rumor del tráfico en la Séptima, el ladrido de un perro, y el agudo y penetrante lamento de una sirena de ambulancia a lo lejos. Era un sonido extrañamente reconfortante, el pulso de una ciudad que seguía su curso, indiferente al drama de la élite que se desarrollaba a sus espaldas.

Ignoró la fila de coches negros con chóferes que esperaban a los invitados y comenzó a caminar por la acera, sin un destino fijo en mente. Solo necesitaba moverse, sentir el pavimento bajo sus pies, poner distancia física entre ella y la vida que acababa de implosionar. Las luces de la calle proyectaban largas sombras a su paso, y por primera vez en mucho tiempo, no se sintió como una sombra, sino como la persona que la proyectaba.

Después de caminar un par de cuadras, se detuvo bajo la luz de una farola. El mundo a su alrededor estaba en silencio, un contraste surrealista con el caos que sabía que reinaba en el museo y que pronto se desataría en los medios de comunicación y en las redes sociales. Sacó su teléfono móvil de su bolso. La pantalla estaba llena de notificaciones: llamadas perdidas de números desconocidos, mensajes de texto de amigos preocupados, alertas de noticias que probablemente ya hablaban del escándalo.

Las ignoró todas.

Sus dedos se movieron con un propósito, marcando un número que conocía de memoria. El teléfono sonó solo una vez antes de que la voz de su amiga, clara y alerta como si hubiera estado esperando junto al teléfono, respondiera.

—Lo sé todo —dijo Sofía, sin necesidad de saludos—. Está en todas las cuentas de Twitter de los periodistas. Lo llaman "La Noche de la Carpeta Negra". ¿Estás bien?

Valentina sonrió, una sonrisa genuina, la primera de la noche.

—Estoy mejor que bien, Sofi —dijo, y su voz ya no era la de una víctima ni la de una estratega en medio de la batalla. Era la voz de una mujer que había llegado al otro lado—. Soy libre.

Hubo un momento de silencio al otro lado de la línea, un silencio cargado de la emoción y el alivio de años de preocupación.

Capítulo 90 1

Capítulo 90 2

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