Ese día, Melisa de verdad se sentía de maravilla.
Después de dos meses de estar lidiando con su exnovio aferrado, al fin él iba a comprometerse. Quitarse de encima semejante problema le alegraba el día.
Pero justo cuando pensaba disfrutar su buen humor, apareció alguien dispuesto a arruinárselo.
Bah, ni vale la pena perder el tiempo. Como andaba de buenas, decidió no rebajarse a discutir.
—Qué ruda eres —le soltó Bruno, que conocía de sobra el genio explosivo de Melisa. Bastaba que algo le molestara para que soltara el primer golpe.
Ya había salido perdiendo dos veces con Melisa, y si no fuera porque quería quedar bien con Florencia, ni de chiste se acercaría a esa mujer.
Así que, tras lanzar su comentario, se fue a sentar de nuevo.
...
Poco después, llegó la familia Pacheco.
Clarisa y Jimena intercambiaron saludos, como si fueran amigas de toda la vida, y terminaron sentadas juntas, tomadas de la mano y platicando como niñas recién amigas.
Melisa miró hacia la entrada y se quedó pasmada.
¿Dónde rayos estaba su nefasto exnovio?
¿No era hoy cuando se suponía que él se comprometía?
¿Acaso a ese tarado se le ocurrió huir de su propio compromiso?
Solo de pensarlo, Melisa sintió que la sangre le hervía.
Si Fabricio se echaba para atrás, seguro volvería a fastidiarla.
¡Eso no podía pasar!
Tenía que hacer que alguien trajera a Fabricio a la fuerza para que se comprometiera.
Justo cuando iba a marcarle por celular, escuchó que Jimena preguntaba:
—¿Y Fabricio? ¿Por qué no ha llegado?
Isidora y Florencia se miraron tensas, buscando a Clarisa con la mirada.
Sobre todo Florencia, que no podía dejar de retorcer las manos sobre las piernas, inquieta.
Le aterraba que Fabricio cancelara el compromiso. Después de todo, ese matrimonio ni siquiera era para ella en primer lugar.
—Ni me lo digas, nadie sabe dónde se metió, no lo encontramos —contestó Clarisa, masajeándose el entrecejo, con gesto de resignación—. Pero no se preocupen, la fiesta sigue igual. Este compromiso lo decidí yo personalmente. La única que va a casarse con Fabricio es Florencia, no acepto a nadie más.
Melisa, al escuchar eso, guardó el celular en la bolsa con disimulo.
Mientras se hiciera el compromiso, todo iba bien.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno