Melisa terminó de hablar y, justo cuando estaba por subir las escaleras, la detuvo una voz cargada de enojo desde atrás.
—¡Detente!
Melisa se quedó quieta. Alzó la mirada y vio a Natalia, con el enojo pintado en la cara.
—¿La tía Natalia aún quiere decir algo más?
Natalia, que ya traía el coraje atorado en la garganta, no pudo aguantarse más y soltó la voz a todo pulmón.
—Melisa, tu abuela no es solo tuya, la familia Orozco tampoco es solo tuya. ¿Qué crees que estás haciendo? Ni siquiera hemos platicado bien las cosas y tú ya andas tomando decisiones por tu cuenta. ¿A nosotros, los mayores, nos ves como si no existiéramos?
—Eso mismo, Melisa —intervino Valeria, la otra tía—, aunque tengas a Fabricio de tu lado, tampoco es para que te creas la dueña de todo. El cumpleaños de la abuela es algo muy importante, no puedes ser tú la que decida todo. Todavía estamos vivos, ¿o ya se te olvidó? En esta casa, todavía no te toca mandar.
Melisa apenas iba a responder, pero en ese momento la abuela Jimena intervino. Su mirada era tan cortante como el filo de un cuchillo al observar a Valeria y Natalia.
—Si Melisa no puede decidir, ¿entonces yo sí puedo? Yo decido que Melisa se encargue de mi fiesta de cumpleaños. ¿Algún problema?
En el fondo, Jimena nunca había planeado hacer una fiesta. Pero ya que Melisa lo propuso y quería demostrarle su cariño, no pensaba negarse. Al final, no importaba lo que Melisa hiciera, siempre la apoyaría sin dudarlo.
Valeria no pudo ocultar su molestia.
—Mamá, sabemos que siempre consientes a Melisa, pero tampoco tienes que hacerlo tan obvio. Antes tú misma decías que no querías celebrar tus cumpleaños, nunca fue que nosotros no quisiéramos hacerlo. Ahora, si quieres fiesta, pues natural que tus hijos la organicen. ¿Cómo va a ser que una nieta la prepare? ¿Qué va a pensar la gente de nosotros?
—Eso es, mamá —respaldó Natalia—, tu cumpleaños representa el honor de la familia Orozco. Melisa apenas volvió a la familia, ni siquiera ha terminado la escuela. ¿Qué sabe ella de cómo se organiza algo así? ¿A quién invitar, cómo contratar al chef, cómo armar el programa? No sabe nada. Si dejas que lo haga, vas a dejar la reputación de la familia Orozco en manos de cualquiera.
En ese momento, Isidora callaba. Ayer, después de escuchar el consejo de Florencia, había decidido mantener un bajo perfil y no buscarse líos con Melisa. Pero, al ver cómo se desarrollaban las cosas, no pudo seguir guardando silencio.
Nicolás, como el hijo mayor, siempre terminaba cargando con la responsabilidad, sin importar cuánto discutieran. Además, por su trabajo, no tenía tiempo de sobra para organizar la fiesta; seguro terminaría delegando algunas tareas.

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