Todos voltearon a ver a la abuela, pero ella tenía el ceño fruncido, ni rastro de alegría en su rostro.
Era como si la abuela les hubiera dado una bofetada a todos. El ambiente se volvió tenso y nadie sabía dónde meter la cara.
Jimena, sin ninguna expresión, les lanzó una mirada rápida. Esperó a que todos guardaran silencio antes de hablar.
—Esta vez la fiesta de cumpleaños la va a organizar Melisa. Si insisten en arrebatarle la organización, entonces yo no celebraré nada. Así queda.
No tenía ganas de seguir discutiendo con ellos, así que Jimena se dio la vuelta y se marchó.
Melisa, que también estaba agotada y con ganas de descansar, ignoró a los demás y acompañó a Jimena escaleras arriba.
Mientras subían, Melisa aprovechó para tomarle el pulso a su abuela. Su expresión se fue tornando cada vez más preocupada.
En tan solo una noche, la enfermedad de la abuela se había agravado.
¿Qué clase de veneno era ese, tan potente?
Melisa se detuvo un momento y se dirigió al mayordomo.
—Néstor, ayúdame a subir a mi abuela. Yo necesito salir un momento.
Ella había planeado ir a visitar a la familia Pacheco al mediodía, pero ahora veía que no podía esperar más.
Sin haber dormido ni un minuto, Melisa salió directo hacia la casa de los Pacheco.
La empleada doméstica de la familia Pacheco ya conocía a Melisa, así que apenas la vio llegar, la dejó pasar sin avisar a nadie.
Los Pacheco acababan de terminar el desayuno cuando Fabricio recibió una llamada de Melisa. Inmediatamente ordenó a alguien investigar qué había pasado en la familia Orozco.
Aunque quería darle espacio a Melisa, la forma en que ella le habló por teléfono le dejó una inquietud que no podía sacarse de la cabeza. Al final, no pudo evitar querer saber qué le ocurría.
No soportaba ver a Melisa pasar por malos momentos.
Jamás se imaginó que ella llegaría de repente.
Fabricio salió corriendo a recibirla, con el rostro serio.
—Meli, ¿qué pasó? —preguntó con urgencia.
Melisa le había dicho que iría hasta el mediodía, pero al aparecer tan temprano, seguro que la situación era grave.
Melisa no había dormido en toda la noche. Se le notaba el cansancio en la cara.
—Mi abuela fue envenenada. Necesito hacerle unas preguntas a la señora Clarisa.

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