Desde el momento en que recibió la piedra de jade, Melisa no había dejado de fruncir las cejas.
Ese jade… no tenía nada raro.
Lo que comieron tampoco.
Si la comida estaba bien y el jade también, ¿entonces dónde estaba el problema?
Al notar la expresión seria de Melisa, Clarisa preguntó:
—¿De verdad crees que el problema es por el jade?
Melisa negó con la cabeza.
—No pasa nada con él.
Rebeca soltó el aire, aliviada:
—Qué bueno, ya me habías asustado. Por un segundo pensé que lo que traje estaba envenenado. Si por mi culpa algo les pasaba, no me lo perdonaría nunca.
Clarisa también se sintió más tranquila, pero la preocupación volvió enseguida:
—Si la comida y el jade ya fueron revisados y no tienen nada, ¿eso quiere decir que lo de Jimena es grave?
Rebeca se puso tensa al escuchar eso.
Melisa se levantó.
—Con permiso, voy a ver a mi abuelita.
Había pasado la noche en vela, preocupada por la salud de su abuelita, lo que la tenía de malas.
—Te acompaño de regreso —dijo Fabricio, preocupado de dejarla sola.
Melisa no se opuso.
En su estado, la verdad, ni ganas tenía de andar en bici.
...
Al llegar a la casa de los Orozco, Melisa y Fabricio escucharon voces agitadas.
—¡Mamá, ¿qué te pasa?!
—¡Llama rápido a emergencias, hay que llevar a mamá al hospital!
El semblante de Melisa cambió de golpe; reconoció la voz de Nicolás.
Sin pensarlo ni un segundo, dejó a Fabricio atrás y subió corriendo las escaleras.
Fabricio se quedó parado, mirando su espalda alejarse, sintiendo que el ánimo se le iba de golpe. Sacó su celular y marcó un número.
Los hijos rodeaban la cama de la anciana, desesperados, sin saber qué hacer.
La puerta de la habitación de Jimena estaba bloqueada por la multitud; Melisa no podía entrar. Con el ceño fruncido, gritó:
—¡Quítense de en medio!
A Natalia le dio coraje en cuanto la vio.
—Melisa, ¿qué te pasa ahora? ¿No ves que tu abuelita está grave?
Ignorando el comentario, Melisa avanzó con paso decidido, la mirada tan intensa que parecía atravesar a todos.
—Dije que se hagan a un lado, ¿no escucharon?
—¡Tú…! —Natalia se puso furiosa y estuvo a punto de soltarle una grosería, pero Valeria la tomó del brazo, deteniéndola.
Molesta, Natalia cerró la boca a regañadientes.
Como seguía estorbando el paso, Melisa estuvo a punto de sacarla a empujones, cuando, de pronto, Jimena escupió sangre.
El rostro de Melisa palideció. De un empujón quitó a Natalia y sacó su estuche de agujas, clavando una directamente en un punto vital de la anciana.
—¡Melisa, ¿qué estás haciendo?! —gritó Isidora, horrorizada—. ¡Tu abuelita está así y tú le clavas agujas en la cabeza! ¿Te volviste loca? Con lo mucho que te quiere, ¿así le pagas?

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