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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 122

Cuando Clarisa terminó de contar todo lo que había pasado el día anterior, Melisa ni siquiera alcanzó a abrir la boca. Fabricio intervino de inmediato.

—Ahora mismo contacta a Rebeca Torres y dile que mande la jadeíta para acá.

Al terminar de hablar, Fabricio levantó la mano y llamó al mayordomo.

—¿Quién preparó la comida de ayer? Tráelo aquí, ahorita mismo.

Clarisa arrugó la frente, inquieta.

—No tengo problema con que revisen quién preparó la comida en la casa, pero ya si vas a investigar a Mauro Torres, eso sí me parece pasarse. Ni siquiera sé bien qué pasa, y de pronto le pides que mande cosas así nada más. ¿Después de tantos años de relación, de verdad quieres arruinar todo por algo que ni sabemos?

No es que ella no quisiera ayudar, pero mínimo necesitaba entender qué estaba ocurriendo.

Sin siquiera dar una explicación, solo pedir que manden el jade así porque sí...

En esas familias grandes y poderosas, ¿quién iba a ser tan ingenuo?

Rebeca perdió a su esposo hace años, sacó adelante a sus hijos sola, y todavía dirige la empresa de los Torres. ¿Cómo no iba a darse cuenta si algo raro pasaba?

Si esto se convertía en un malentendido, ahí terminaba la relación.

—Mi abuelita fue envenenada —dijo Melisa con el ceño bien marcado—. No logro averiguar con qué la envenenaron, y lo peor es que el veneno se está extendiendo rápido. Ayer solo se veía un poco cansada, pero hoy ya tiene la cara azulada, y su pulso está mucho más irregular.

Melisa se puso de pie y le hizo una pequeña reverencia a Clarisa.

—Señora Clarisa, por favor, necesito descubrir cuanto antes con qué envenenaron a mi abuelita.

Clarisa se levantó de golpe.

—¿Envenenada? ¿Cómo pasó eso? ¿Está bien? ¿Sigue consciente?

Antes de que Melisa pudiera responder, Clarisa ya estaba hablando rápido, llena de angustia.

—No, esto no puede quedarse así. Voy a verla ahora mismo.

Apenas había dado un paso cuando Melisa la detuvo.

—Mi abuelita todavía no sabe que fue envenenada. Hasta que no sepa con exactitud qué tiene, no quiero que se entere. Si se pone muy nerviosa, su condición podría empeorar.

Clarisa asintió.

—Sí, mejor que no se entere todavía. Lo importante es su salud. Mira, ahorita mismo le hablo a Mauro para que traiga la jadeíta en persona.

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