Melisa escuchó en silencio el análisis de don Andrés, don Esteban y don Fernando.
Después de un rato, Melisa habló:
—¿Y si se trata de una combinación de dos venenos diferentes?
Desde el principio, ella había descartado tanto la Yerba Negra como la Liana de la Muerte. Los síntomas no coincidían en absoluto. Sin embargo, tras escuchar el diagnóstico de los tres, se le ocurrió la posibilidad: si se mezclaban dos venenos, ¿podrían generar una tercera toxina, una reacción inesperada?
Los tres médicos se estremecieron de inmediato.
Después, don Andrés dijo:
—No por nada eres la Salvador Verde. Nosotros ni siquiera pensamos en esa posibilidad. Ahora que lo mencionas, sí, tal vez la mezcla de dos venenos produzca un tercero, pero para saberlo con certeza, hay que hacer pruebas.
Don Esteban asintió:
—En el instituto tenemos justamente esas dos hierbas. Fabricio, ¿podrías encargarte de que un helicóptero las traiga lo más rápido posible...?
Todavía no terminaba de hablar cuando Melisa lo interrumpió:
—No hace falta. El Jardín de Sabias Raíces tiene ambas.
Dicho esto, Melisa miró a Vicente:
—¿Puedes ir tú mismo a buscarlas, por favor?
No había nadie más confiable que Vicente para una tarea así. Si quería estar tranquila, él era la mejor opción.
Vicente asintió:
—Claro.
En cuanto Vicente salió, Melisa volvió a dirigirse a los médicos:
—Don Andrés, don Esteban, don Fernando, les voy a pedir que se instalen en un cuarto especial para hacer los experimentos. Disculpen, pero no podré participar; tengo que estar al pendiente de mi abuelita.
—Si la Salvador Verde tuviera que hacer este tipo de pruebas, entonces nosotros habríamos desperdiciado todos estos años de experiencia —aventó don Fernando—. Tú tranquila, quédate aquí. En cuanto tengamos las plantas, en menos de media hora ya sabremos el resultado.
—Muchas gracias. Después les daré una buena recompensa por todo esto.
Con esto dicho, Melisa bajó a buscar a Nicolás.
...
La familia Orozco entera estaba en la planta baja, esperando ansiosos. Al ver a Melisa descender, todos se pusieron de pie. Algunos la miraban con recelo, otros con la esperanza pintada en el rostro.
Melisa los ignoró y fue directo a Nicolás:
—Papá, necesito que prepares un cuarto vacío. Don Andrés y los demás van a hacer unos experimentos.

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