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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 132

Gabriel estaba tan nervioso que sentía que el corazón se le salía del pecho.

Ese carro, el que estaba en el centro del problema, era suyo.

Después se lo había dado a Melisa para que lo usara, pero a ella nunca le gustó, decía que estaba muy viejo y se lo devolvió sin pensarlo dos veces.

Como su moto era un tesoro que no quería desgastar, Gabriel prefería usar su propio carro para moverse por la ciudad.

Pero lo que no podía entender era cómo ese objeto venenoso había terminado justo en su carro. ¿Quién habría tenido el descaro de hacerle eso?

Melisa, al escuchar la situación, endureció la mirada.

—El que puso el veneno no es ningún tonto —dijo con voz cortante—. Esto es obra de alguien que sabe lo que hace.

¿Tratar de echarle la culpa a Gabriel? Ese truco era viejo, pero si lo hubiera hecho alguien más, seguro que todos pensarían que él había sido el culpable.

Lo cierto es que Melisa y Gabriel habían crecido juntos, siempre salvándose el uno al otro de sus propios errores, y nadie lo conocía mejor que ella.

Gabriel podía parecer relajado y sin preocupaciones, pero la verdad era que ni siquiera soportaba ver cuando la empleada de la casa mataba gallinas, mucho menos sería capaz de lastimar a alguien.

Era de esos que podían parecer listos en algunas cosas, pero en otras, de plano, no le llegaba el agua al tinaco.

Ni aunque le pusieran un cuchillo en la mano, le pasaría por la cabeza herir a una persona.

—¿Confías en mí? —preguntó Gabriel, con la voz temblorosa.

Antes de que Melisa pudiera decir algo, Gabriel rompió en llanto.

—Hermana, eres la mejor, de verdad. No sabes cuánto significa para mí que me creas.

Melisa lo miró de reojo, con una mezcla de lástima y fastidio. Este Gabriel era un caso perdido. No tenía ganas de seguirle la corriente.

Sin perder tiempo, Melisa tomó su teléfono y llamó a Vicente.

Le dio instrucciones precisas: nadie debía acercarse al garaje bajo ninguna circunstancia.

Después, subió directo al segundo piso, donde habían preparado un laboratorio provisional para el señor Fernando y los demás expertos.

Allí, los médicos de Monarca Nova colaboraban para identificar la composición del veneno encontrado en el colgante sospechoso.

Apenas entró Melisa, el señor Esteban se le acercó.

—Señorita Melisa, por lo que hemos visto, el veneno está en este colgante —dijo, mostrándole el recipiente donde hacían pruebas.

Aunque solo habían logrado extraer la mitad del contenido, casi podían asegurarlo.

Melisa se acercó, con el ceño fruncido, y tomó el instrumental para extraer la muestra ella misma. Quería asegurarse de cada detalle.

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