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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 14

Él en verdad no se dio cuenta de nada.

La noche anterior había manejado toda la madrugada para llegar, sin dormir ni comer, con Melisa rondando sin parar en su mente.

Por eso, apenas puso un pie en el salón del banquete, su mirada solo buscó a Melisa.

Ni siquiera escuchó a Clarisa hablándole.

Cuando Fabricio se detuvo así, todos poco a poco empezaron a reaccionar.

La sorpresa era tan grande que nadie podía articular palabra.

¿De verdad habían oído bien esa noticia tan escandalosa?

El mismísimo líder de la familia Pacheco… había pasado la noche con alguien.

Y lo habían dejado.

¿La razón? Al parecer, Fabricio la engañó.

Pero, según decían, Fabricio estaba siendo calumniado.

Porque pasaba las veinticuatro horas del día pegado a su novia, sin tiempo ni para pensar en otra persona.

¿No?

¿A poco sí existen novios así de entregados?

¡Que me den uno de esos, por favor!

Guapo, millonario y encima capaz de estar con su novia todo el día y toda la noche.

Ni en sueños me tocaba uno así.

¿Y la chava va y lo termina?

En el escenario, Florencia tenía la cara completamente descompuesta.

Después de tanto planear y moverse para conseguir ese matrimonio… y ahora esto.

¿Fabricio era el exnovio de Melisa?

¿Y encima Melisa fue la que lo dejó?

¿Entonces el hombre al que ella había puesto en un pedestal, ese por el que luchó tanto, era alguien que Melisa desechó como si nada?

¿Con qué derecho, Melisa?

Florencia respiró hondo varias veces, tratando de calmar el coraje que le quemaba por dentro. No importaba, tenía que mostrarse generosa.

Lo que Melisa no quería, para ella era un tesoro.

Mientras pudiera casarse con Fabricio, ¿qué importaba su pasado?

Florencia soltó el aire, forzando una sonrisa mientras se acercaba a Fabricio.

—Fabricio, por fin llegaste. Ya casi empieza la ceremonia y sería una lástima perder la hora indicada.

Al terminar de hablar, miró a Melisa.

—Mi hermana está muy feliz de que nos casemos, ¿verdad? Ayer hasta me dio su bendición, ¿cierto, hermana?

Antes de que Melisa pudiera contestar, Fabricio, con las manos en los bolsillos y el entrecejo apretado, la interrumpió:

Los mayores de la familia Pacheco y Jimena recién entonces captaron lo que pasaba.

Clarisa se acercó y le soltó un manotazo en la espalda a Fabricio.

—¡Mocoso! ¿Así te enseñé a hablar? Florencia es una señorita, ¿cómo crees que vas a decirle eso delante de todos?

—A ver, explíquenme cuándo demonios me salió una prometida —dijo Fabricio, arrastrando una silla y recostándose en el respaldo, cruzado de piernas, con un aire entre distraído y desafiante.

Quien lo conocía, sabía que ese era el preludio de su mal humor.

Ya de por sí lo habían dejado sin motivo.

¿Ahora hasta prometida nueva le inventaban?

Con razón Melisa lo había terminado. ¡Por culpa de esta mujer!

—Ese compromiso lo arreglamos tu abuela Jimena y yo, Florencia…

Clarisa apenas empezó a explicar cuando Fabricio la cortó con una mueca de fastidio.

—¡Cancelado!

Florencia se quedó pálida como papel.

Isidora, apurada, intervino:

—¿Cómo vas a cancelar el compromiso? Hoy están aquí las dos familias y todos los invitados. Si cancelas ahora, ¿cómo piensas que va a quedar Florencia?

Clarisa, que conocía de sobra el carácter de su nieto, echó una mirada a Melisa, medio sonriendo, medio retándola.

—La verdad, la prometida original eras tú, Melisa. Justo estaba pensando que, si ya eran novios, pues que regresaras al puesto. Al final de cuentas, hay que buscarle una que de veras quiera, ¿no? Si quieres cancelar, pues que se cancele.

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