Todos los Orozco se quedaron pasmados, como si el tiempo mismo se hubiera detenido. Nadie atinó a decir nada durante varios instantes.
De repente, alguien murmuró, sin poder contenerse:
—¿Salón de banquetes en el último piso? Eso solo lo pueden reservar los socios diamante. ¿Cómo le hizo Melisa para conseguirlo?
—¿Pues cómo crees? Obvio fue gracias al Sr. Fabricio. Nomás a Melisa le pasa que alguien como él le eche el ojo.
—A ver, aquí el punto no es que Melisa tenga palancas para reservar el salón del último piso, sino que rentar ese lugar cuesta, mínimo, un millón. ¿Quién va a pagar eso? ¡La familia Orozco, obvio!
Los tíos de Melisa escucharon aquello y de inmediato sus caras cambiaron de color.
Natalia no aguantó más y explotó:
—Melisa, ¿se te fue la cabeza o qué? El salón de arriba tiene un consumo mínimo de un millón, ¿crees que el dinero de la familia crece en los árboles?
A ella no le molestaba celebrar el cumpleaños de la abuela con una buena fiesta. Pero gastar más de un millón en un solo evento… eso sí no lo podía tragar.
La familia Orozco llevaba ya varios años en picada, perdiendo proyectos uno tras otro. Recién habían cerrado un trato con MO, pero el negocio todavía no se concretaba y el dinero no había llegado.
Si gastaban ese millón, la familia se iba a quedar sin fondos.
Y si la empresa tambaleaba, eso afectaría las utilidades de la segunda rama familiar… Justo por eso, Natalia no iba a dejarlo pasar.
Valeria también frunció el ceño:
—Tú tendrás a Fabricio de tu lado, pero la familia Orozco no. No puedes poner tu orgullo por encima de todos. Melisa, ya bájale.
Elena soltó una risa burlona.
—¿Ella y límites? Por favor. Lo único que hace es hacerle al cuento, aparentando lo que no es. Capaz que hasta reservó el salón usando el nombre de Fabricio sin permiso.
Luego, se giró hacia Jimena:
—Mamá, tú nunca fuiste presumida. ¿Por qué desde que Melisa regresó a la casa te volviste así? Ya estamos grandes, hay que vivir tranquilos y no andar buscando lujos que no nos tocan. Esa cosa del salón de arriba, tú sabes que es demasiado para nosotros.
—¡Tú…! —Jimena se quedó pálida, sin encontrar palabras.
Ella siempre supo que el salón de arriba era un lujo fuera de su alcance.

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